Tengo la extraña sensación de vivir en un déja vu constante cada vez que supura azufre la cuenca minera y el olor se hace fuerte al coger aire. Son raíces sabias como los mayores de manos resecas y ennegrecidas de años pasados por carbón. Las mismas que ven pasar por el photocall político a unos y a otros, primero con la inocencia de no tener ni idea de una historia ya escrita y después con el Alzheimer que olvida los pasos dados para volver atrás. Ahora, desde Bruselas, se habla de cuencas en transición (reflexión I: ¿cuánto tiempo tiene que llevar uno transitando para llegar?). Y se apunta como salida estudiar eliminar del carbón la parte nociva. De nuevo se habla de secuestrar el CO2 que aún se está riendo después de temblar al ver que esa era la bandera que enarbolaba la Ciuden, ahora comatosa. Se vuelve a hablar de buscar alternativas a las cuencas sabias (reflexión II:¿tanto viaje para volver a caer de bruces en algo que llevamos marcando como camino desde que Zapatero le pusiera nombre?). Mientras, los trabajadores de Asturleonesa tensan la cuerda para ver si al final se le ha quedado colgado de una pinza al empresario un sobre con sus nóminas y ven con impotencia cómo se les acusa de forzar sus propios EREs.Y mientras Endesa se hace fuerte en su intención de cierre de Compostilla y las venas negras se secan, los que tienen que buscar alternativas siguen caminando en círculos cantando un estribillo para quedarse en su seno: inocencia y Alzheimer.
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