La vuelta al cole ya está aquí. Para el alumno cada nuevo curso supone un reto. Nuevos profesores, nuevas materias, nuevas aulas, nuevos horarios, nuevos compañeros. Vienen mal acostumbrados del verano: horarios, móvil, etc. Ahora, con la ayuda de sus padres, tienen que equiparse para el curso con material escolar y libros de texto. Deberán organizar las actividades de tarde: algún deporte, clases de inglés o música en el conservatorio. También los profesores sufren un estrés muy fuerte cada comienzo de curso. Muchos de ellos son interinos o desplazados y deben acomodarse al nuevo centro y todos tendrán que adaptarse a sus nuevos alumnos, al nuevo horario, nuevos cursos y grupos e, incluso, nuevas materias. Pero los que no tienen tiempo ni para dormir en el periodo de organización del curso son los equipos directivos. Por mucho que hayan cambiado las cosas en los últimos años, yo sé que al director de un instituto no le queda ni un minuto libre en estas fechas. Son muchísimas las preocupaciones que se acumulan, pero yo deseo destacar las tres que considero más importantes.
El equipo directivo del centro debe intentar el máximo equilibrio posible y el reparto igualitario de los alumnos en cada clase: mezclar a los excelentes con los de problemas de conducta o repetidores. He visto como se han dedicado miles de horas para que todo quede niquelado, pero cuando los alumnos conocen a sus nuevos compañeros, a su tutor y a sus profesores, se acumulan las protestas. Lo peor es que aquí suelen apoyar los padres. El conflicto es serio porque, si se aceptan todas las solicitudes, se desajustarán los grupos y las consecuencias pueden ser graves e irremediables. Pero si no se acepta ningún cambio podemos correr el riesgo de depresión o acoso. En mi opinión esa decisión del equipo directivo es muy importante. Reconozco que es muy difícil, yo diría que imposible, que todos estén conformes con lo que les ha tocado en suerte. Ahí es donde el director «debe dar la talla y estar a la altura» porque es fundamental ajustar bien los grupos y encajar convenientemente a cada alumno en su aula si quiere evitar problemas durante todo el curso.
Para el profesorado su horario es primordial. Si existen diferencias significativas en los horarios de los profesores va a ser muy difícil lograr la paz y concordia a lo largo del curso. Casi siempre los problemas y colisiones tienen sus raíces en el horario.
Es fundamental la habilidad y buen tino del equipo directivo para lograr un reparto lo más equilibrado posible. Si se ajustan bien las piezas al principio, el curso irá sobre ruedas, de lo contrario todo será complicado.
Y el tercer problema que más me agobiaba era «el transporte escolar». Durante mi etapa como director teníamos en el instituto cinco rutas. No deja de ser curioso y preocupante para el director de un colegio o un instituto que, mientras se despierta por la mañana, los autobuses de cinco rutas cargados de alumnos están circulando por las carreteras, con lluvia, nieve o hielo, y él es el responsable de todo lo que pueda ocurrir en ese viaje. Trataba de controlar todos los riesgos: Realizaba el recorrido de todas las rutas. Tomaba nota de los peligros, paradas, marquesinas u horarios de cada pueblo. Estaba en contacto telefónico directo con los chóferes. Dos alumnos de cabecera de línea me informaban cada mañana, al llegar al centro, de las novedades en la ruta, ELLOS ERAN MIS OJOS EN CADA AUTOBÚS. Demasiada responsabilidad para los directores de centros escolares. Reconozco que es un servicio imprescindible y gratuito para garantizar el derecho a la educación y para hacer posible la escolarización en el centro escolar correspondiente, dentro de su adscripción, si el colegio o instituto público está en una localidad distinta al domicilio del alumno. Totalmente de acuerdo. Pero los riesgos y peligros que este servicio conlleva para un director, «me abrumaban».
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