02/02/2026
 Actualizado a 02/02/2026
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Una invernal tarde leonesa, decidí comer con un grupo de compañeras que además de buena gente, son una asombrosa suerte que se presentó en mi vida durante el año pasado. 

Aquella tarde comimos, bebimos y entre otras cosas charlamos, pero a través de las palabras y frases que se iban diaparando contra reloj, permitiendo a mis oídos escuchar lo justo, me di cuenta, de que, lo primero que se pregunta al reencontrarse con alguien es sobre el trabajo, además de la salud por supuesto. 

Esto me hizo reflexionar sobre el porqué queremos definirnos en base al trabajo, como si este fuera lo más preciado. Entiendo que nos da de comer, que es necesario para vivir en este insufrible mundo capitalista, pero no entiendo la razón por la que, en mi momento de descanso, siento la extraña necesidad de tener que hablar sobre él. 

Tanto si he sido obsequiada por algún ascenso, como si mi salario es el mismo o si mis compañeros han cambiado, acompañando todo lo anterior con la intrigante pregunta habitual de si sigo en esa misma empresa o si ya me echaron, creo que realmente son acontecimientos que deberían pasar de largo.

Lo importante, es que estamos vivos y que obviamente vamos sobreviviendo, sea con trabajo o sin él, siendo extremadamente productivos o simplemente personas sin la obligación de hacer por hacer.

Me gustaría poner de moda preguntar por nuevas experiencias o gustos, tal vez, por el descubrimiento de una serie que tiene enganchado a mucha gente o quizás, un libro que está volviendo loco al mundo. De verdad pienso, que se crearían conversaciones más interesantes, donde el centro de estas sería la esencia de la persona que las protagoniza y no si gana más o menos dinero mientras invierte más de la mitad (en muchos casos) de su tiempo en producir y por ende, en trabajar.

Por ejemplo, a mí me encanta escribir, leer y disfrutar del arte en general. En un mes y si se me apura, en una semana, puedo llegar a descubrir artículos, libros, obras de arte y artistas que me llamen la atención. Sin embargo, empatizo con quienes no son como yo, porque no todos tenemos los mismos gustos, pero aún así, tenemos deseos, inquietudes y curiosidades que aunque no sean productivas nos llenan las tardes, la rutina y en definitiva, nuestro día a día. Por todo esto, yo quiero escuchar las anécdotas fuera del trabajo, los hobbies nuevos, descubrimientos rutinarios en el hogar, con algún familiar, amigo o mascota. 

En conclusión, deseo poner de moda que las conversaciones vengan de donde vengan, sean libres del capitalismo al que estamos expuestos. Reivindico que podamos ser libres de palabras, ya sea, tomando algo en esa cafetería del barrio o en la llamada diaria con un familiar. Quiero que si alguien me ve de nuevo o por primera vez, se interese por lo único que no me hace presa de la sociedad, mi improductividad.

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