Madrugan. Los socialistas leoneses ya afilan las flechas –y no las de Cupido, precisamente– para asaltar la provincia en las municipales del próximo año. La elaboración de listas (y puñaladas, si fuera el caso) lleva su tiempo, y nada mejor que hacerlo con meses por delante para dar en el centro de la diana. O aproximarse.
A las mentes pensantes del PSOE liderado por Javier Alfonso Cendón les toca, a partir de ahora, hilar muy fino y, con ello, cometer los mínimos errores cuando se sepan (y se hagan públicos) los nombres ‘estrella’. Eso, si no les pierde el compadreo y el clásico sí ‘bwana’, que, con tanta asiduidad, se escucha en las sedes de las organizaciones políticas que presumen de demócratas. Luego, la realidad es otra. El que manda, manda, y cartucho en el cañón. Y silencio en la noche, como en el tango de Gardel.
El problema vuelve a ser la alcaldía de León. Cendón y sus afines siguen erre que erre con la misma obsesión de siempre: cargarse a José Antonio Diez como sea. No importa el precio. Incluso, a costa de perder el Ayuntamiento. Y si pudieran echarlo del partido lo harían. A patadas. Pero no pueden. Ahí tocan en hueso. Un hueso difícil de roer porque Diez, en estos años al frente del Consistorio, se ha consolidado como uno de los políticos ‘pata negra’ de la ciudad. Con sus aciertos y sus errores –y el que no tenga pecado que tire la primera piedra–, pero con una voluntad de servicio encomiable.
Y en este sentido, la postura del PSOE en León –o la de Cendón, en particular– no tiene pies ni cabeza. Que un partido intente desaprovechar un activo como Diez por mor de luchas fratricidas y enfermizas, es una incongruencia. Y un disparate. Aunque fuese por puro egoísmo partidista, no deberían cuestionar un liderazgo popular y cercano, que en el PSOE, por el momento, solo atesora el hoy alcalde. Ponerse la venda en los ojos para vetar esta realidad sería un suicidio.
Algo parecido ocurrió en su día con Mario Amilivia, uno de los políticos más brillantes (y cabales) que ha dado esta tierra. A Amilivia se le ninguneó con descaro y mala baba, por una banda de fariseos tardíos. A veces, destacar por derecho resulta contraproducente, si hay mediocres revoloteando al lado. Que eso fue. El exalcalde estaba llamado a más altas responsabilidades pero, en política, las ‘manos negras’ suelen ser letales. Y así, y visto lo visto, hay quienes se acuerdan de Amilivia y añoran sus formas y su actitud conciliadora, su rectitud y su visión. Y sus principios inalterables para hacer política.
Y en estas lides, si alguien ha aguantado carros y carretas de su propio partido en los últimos tiempos, ha sido José Antonio Diez por el cúmulo de desprecios que ha padecido. La flagelación ha sido continua y las negaciones un calvario difícil de tolerar. Es más, hasta soportó que el mismo Cendón mirara para otro lado, cuando el famoso desencuentro en la capital leonesa con el imputado Ábalos, y las posteriores amenazas añadidas del ‘capo’ Koldo. Y Diez, por aquella, no se acojonó. Como ahora tampoco.