15/05/2026
 Actualizado a 15/05/2026
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«Este vino es un ‘one shot’ porque la viña de la que proviene actuó de cortafuegos en los incendios del verano pasado en el valle del Jamuz. No sabemos qué saldrá de la última vendimia, la de este otoño, porque son uvas que vienen del fuego. Así que aprovechemos el que tenemos y brindemos», dice Montse Alonso. Brindamos. Aromas florales y a hierbas de monte, notas terrosas y frutillos rojos. Brindamos por este vino, Lo imposible del Jamuz 2022, que viene de una viña que ya no existe. Al menos no existe como era antes, como había sido durante un siglo. Y yo brindo también por Lo imposible, este proyecto que nació en 2021, cuando un grupo de amigos se unió para recuperar viñedos con historia y hacer vinos que dejaran hablar a la tierra de la que nacían. 

Montse Alonso es el corazón de este proyecto. Una madrileña con espíritu de campo, una sabia del vino, hiperactiva, extrovertida, inteligente, de risa contagiosa y voz que se escucharía de un extremo a otro de una viña, si es que estuviéramos en una viña y no en un restaurante de Madrid. Aquí, alguien coge el micrófono y suelta, «estamos hartos de los objetos fabricados en serie, de establecimientos idénticos de cadenas internacionales, de las cosas perfectas, salidas del molde de una fábrica. Buscamos lo auténtico, lo único, la artesanía, porque en el trabajo manual, hasta los errores son bellos». No puedo estar más de acuerdo. Por eso me gusta el vino más que la cerveza, y me gustan las bodegas pequeñas, los caldos desconocidos, más que las grandes etiquetas. Porque el vino es un ente vivo, respira, se transforma. Nunca sabe ni huele igual. Dicen que hay días mejores para catarlo, los días flor o los días fruta; y días peores, los días hoja, cuando el vino sabe más verde o los días raíz, cuando raspa y sabe a arcilla. 

Hoy debe de ser un día flor o un día fruta porque el vino me transporta al granito de Gredos –Lo Imposible de Gredos 2021– o a las vistas del monte Teleno en el valle del Jamuz. Son vinos que cuentan una historia. Si la sabes escuchar. Y yo la escucho con toda el alma. Y escucho el nombre del Jamuz. Aquí, rodeada de gentes del mundo del vino, expertos, bodegueros, enólogos, me emociona que se hable del Jamuz. Que se pronuncie la palabra Jamuz. Un río, un valle, que tanto sufrieron este verano. Allí resisten aún viñas centenarias, tesoros vitivinícolas únicos, cepas retorcidas con el milagro que son sus hojas cada primavera, con esa cierna de la que saldrán las uvas. 

A veces Lo imposible sucede, en el vino y en la tierra. Ojalá haya más imposibles que sucedan en esta España que arde, que se olvida, pero que no está vacía, no, porque la poblamos muchas y muchos y porque resistimos. Creemos, como Montse Alonso, en lo imposible. 

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