Asoma el calor, la alergia en las narices y la Cultural roza el descenso. Anda la ciudad medio revolucionada a las puertas del verano, entre otras cosas porque la actualidad a nivel nacional vuelve a mirar a esta provincia como si todas las cosas que pasan en este país estuviera prohibido que ocurrieran sin un leonés de por medio.
No me refiero a la rueda de prensa convocada por Florentino Pérez esencialmente para cargar contra uno de nuestros paisanos, el que fuera director de aquel medio conocido (por él) como ‘El Relevo’ y que cerró con una deuda de no sé cuántos millones de euros (sin que le dieran tiempo a recuperarlos, que eso por lo que sea no lo dijo). Hablo evidentemente del terremoto desatado por la investigación de otro paisano, José Luis Rodríguez Zapatero, uno que si al final se demuestran los cargos que se le imputan nadie puede negar que sus vecinos dirán de él que «siempre saludaba». Siempre saludaba y es precisamente por eso por lo que se hace especialmente difícil de tragar este episodio que, honestamente, tiene muy mala pinta.
Decía el nuevo líder autoproclamado de la izquierda (y ojo, que ni me parece mal por ausencia de rival, pa’ lo que hemos quedao’) Gabriel Rufián que de confirmarse este episodio «es una mierda»y estoy bastante de acuerdo. Siempre he defendido contra la opinión de muchos que gracias a la labor de Zapatero al frente del Gobierno de España la provincia de León no es ahora mismo un territorio (del todo)subdesarrollado. Parte de la economía de esta provincia se sustenta sobre el polo que se generó en torno al Incibe, con la UME, el CAR, el CRE, el Centro Estrada, el AVE o Ciuden como apuestas que, honestamente por los que estuvieron antes y han llegado después, difícilmente cabe imaginar que estarían por aquí. Digo contra la opinión de muchos porque ni con esas en buena parte de esta provincia se ha mirado con buenos ojos a Zapatero, al que evidentemente ahora y sin juicio por medio, ya se le ha puesto la cruz.
En mi caso me gusta respetar la presunción de inocencia y si bien en estos tiempos que corren difícil es imaginar que las cosas no sucedan con una mano negra por detrás, cabe reconocer que la cosa pinta muy mal para los que en algún momento creímos en la integridad de un hombre al que, eso sí, cabe preguntarle ya qué necesidad tenía de hacer otra cosa que no fuese comprar el Marca por la mañana, tomarse un café y darse un paseo con las manos detrás de la espalda en busca de alguna obra que admirar. Qué importante es saber parar.