Alea iacta est (la suerte está echada). No hay prórroga. Se cumplió el tiempo establecido. Como se anotó en su momento el de la hora nona en el Monte Calvario, cuando la crucifixión del hijo María. ¿Rayos y truenos y cielos tenebrosos? Para algunos, sin duda. Porque en la anochecida de esta dominica de elecciones y carreras autonómicas, se conocerá la respuesta del pueblo (ahora se dice de la ciudadanía) a las candidaturas en liza y peleadas. Quince días de murgas y promesas –que a pocos han interesado– dan para mucho.
Y es que a fuer de sinceros las campañas de banderitas, eslóganes y musiquitas, reconvertidas estas en himnos de consumo doméstico, son un coñazo insoportable y una rutina inmisericorde. Solo las aguantan quienes se ven inmersos en el verbenero fregado cada cuatro años; es decir, los políticos ungidos y sus más (o menos) cercanos adláteres y parentela añadida. Los mismos, que, entregados a la causa, la sienten como si de un opio legalizado se tratara. Lo necesitan para subsistir. Y los mismos, sí, que dicen que todo agujero es trinchera para seguir disparando al enemigo, que lo de adversarios pasó a mejor vida.
Y es que durante las giras ‘turísticas’ a la busca del voto perdido de todos los colores y tendencias, (cual las hostias que explicaba Luis Aragonés, cuando dirigía los designios de la Selección Española de Fútbol), los intervinientes en danza se sueltan el pelo, menean el cuerpo y la demagogia fluye. Es una manera como cualquier otra de tomar el pelo a la masa. Transcurrido el periodo de ‘evangelización’, es decir, concluido el empeño de parábolas y sermones, «por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7, 16).
Total, que se escuchan y se leen cosas que atentan a las inteligencias más básicas. Y sobra invocar a Einstein. Los socialistas, por ejemplo, aseguran que el PSOE es el único partido –el único, recalcan–, que protege a las mujeres. Lo han recordado en la reciente y concluida campaña electoral. Y cree su proba dirigencia que la gente se lo compra y dice amén. Están en Ferraz como para hacer enseña de ese postulado, a continuación de lo que se les ha venido encima. Los casos (de momento presuntos, faltaría más) de los Ábalos, Koldos, Salazares, Titos Bernis y demás familia, como reza en las esquelas, son una losa. Como también lo son las pulseritas averiadas de todo a cien, que dejaron al albur y desamparadas a muchas mujeres afectadas por la violencia de género. Y suma y sigue.
Y la derecha más a la derecha también tiene lo suyo. Ahora (y de nuevo) los de Vox se esponjan con la imprudente afirmación, que ni está descartado ni está asegurado un pacto con el PP en Castilla y León. ¿Entonces con quién? Todos tranquilos y venga a pegarse tiros en el pie. Son las dos formaciones que, a priori, deben manejar la partida y sus envites, y parió la abuela. El más sensato, Mañueco, quien, a pesar de las encuestas favorables, ha señalado: «No hay nada hecho hasta que las urnas hablen». Es razonable. Y tiene toda la razón. Toda.