Imagen Marina Díez

La igualdad también se celebra: victorias feministas que cambiaron la historia

10/01/2026
 Actualizado a 10/01/2026
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El feminismo no es solo lucha, es también celebración. Porque, aunque nos quede camino, hay huellas detrás que no debemos olvidar. Hubo un tiempo en que las mujeres no podían votar.

En que no podían abrir una cuenta en el banco sin permiso de su marido.

En que la maternidad era un destino obligado, no una elección.

Hoy, todas esas cosas parecen impensables… pero no lo son: fueron conquistas arrancadas a base de esfuerzo colectivo.

Las sufragistas que marcharon sabiendo que serían insultadas.

Las trabajadoras que se organizaron para que la maternidad no fuera una condena.

Las que denunciaron la violencia machista cuando nadie quería escuchar.

Las que se atrevieron a decir en voz alta que el placer también era suyo.

Gracias a ellas, hoy podemos votar, estudiar, heredar, divorciarnos, decidir sobre nuestro cuerpo. Y también amar sin pedir permiso.

Claro que queda mucho: brecha salarial, techos de cristal, violencias que aún nos atraviesan. Pero si solo hablamos de lo pendiente, olvidamos que hemos cambiado el mundo más de una vez.

Por eso la igualdad también se celebra.

Se celebra cada vez que una niña puede soñar con ser bombera o alcaldesa sin que nadie se ría.

Cada vez que un padre coge la baja de paternidad y no lo esconde.

Cada vez que una abuela ve a su nieta vivir con libertad lo que ella no pudo.

No se trata de ser ingenuas: la celebración no sustituye la lucha. Pero la acompaña. Porque celebrar nos recuerda que se puede. Que ya lo hicimos antes. Y que volveremos a hacerlo.

El feminismo no solo dice «basta». También dice «gracias» y «brindemos».

Porque el futuro se construye con memoria, y la memoria también guarda alegrías.

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