Ya es Semana Santa. La procesión de la Borriquilla, en la mañana de este último domingo de marzo, es el anuncio de unas largas jornadas en las ‘todo León’ se echa a la calle. Así viene ocurriendo desde hace décadas para regocijo de algunos, los más, y desesperación de otros, los menos. O eso parece, si se atiende al ambiente que se crea en determinadas zonas de la ciudad, donde la gente cruje el asfalto. Las cofradías, hoy, le dan vida a la capital leonesa como jamás se pensó. Y llegado a este punto, no importan las creencias ni los descreimientos. La mayoría se suma a las manifestaciones urbanas de cruces e inciensos y las disfruta a su entender y manera. Que varias son las posibilidades.
Y es muy posible, también, que a raíz de lo ocurrido en la valenciana Sagunto, donde las mujeres han sido rechazadas por una penitencial masculina, en cuanto a integrarse en ella como cofrades de pleno de derecho, se alumbre la misma polémica en León. Intentos, al menos, ya ha habido no hace tanto. De manera, que, a su rebufo, la famosa sentencia «entre santa y santo, pared de cal y canto» podría pasar a mejor vida definitivamente si, además, la política torrentera invade los espacios pasionales. Que los pretende usurpar amenazando a Sagunto con la supresión del título de Interés Turístico Nacional para su Semana Santa. La ministra de Igualdad ha sido la vocera.
Si España es un estado aconfesional según el artículo 16.3 de la Constitución, a qué demonios se involucra en estas cuestiones el Gobierno de la nación, máxime que la religión –si se trata de la católica, por sabido– le importa tres pelotas y dos pitos añadidos. Y a las pruebas cabe remitirse. Advierten del Ramadán y lo felicitan. Y a la Navidad, como algo crónico, la arrinconan y la rebautizan con diferentes nombres, ajenos a su espíritu. Es más. En tiempos de Zapatero ya hubo un intento (fallido, claro) de sacar las procesiones de las calles y circunscribirlas a los templos. Y los encapuchados de toda España, ante tamaña barbaridad, pusieron pie en pared. Y ganaron.
Las cofradías –las viejas y las nuevas– son mayores de edad, forman parte de la Iglesia de Roma y hasta ahí se puede leer. Y en esto de la inclusión femenina en aquellas que no tienen el carácter de mixtas –como ocurre en León– debería respetarse y atenerse a lo que decida cada una de ellas en este sentido. Lo demás son juegos de artificio y ganas de complicar las cosas. Esto, como es natural, al margen de las opiniones e ideas de cada cual y su derecho a exponerlas y, por añadidura, a defenderlas. Vivimos en democracia. Pero llueve sobre mojado. Por otro lado resulta curioso, que así como se habla de la inclusión de mujeres en las cofradías masculinas, no se considera lo contrario en las de exclusivo rango femenino. Nadie lo denuncia. Punto en boca. Y eso tampoco es igualdad, señora ministra del ramo y demás parentela adosada. Instigar desde el poder para perjudicar a una ciudad de 70.000 habitantes, como es el caso de Sagunto, no es de recibo.