A lo acontecido recientemente con la presunta agresión sexual denunciada contra Julio Iglesias por dos servidoras de su serrallo, me recuerda, «mutatis mutandis», lo que le ocurrió no hace mucho tiempo a Luis Rubiales tras el triunfo mundial de la selección femenina de futbol; al tocarse los cataplines en el palco de autoridades y luego, en la entrega de medallas, estamparle un beso en los labios a la jugadora de fútbol Jénnifer Hermoso. Los enemigos de Rubiales aprovecharon el beso para desbancarlo de su puesto de presidente de la Real Federación Española de Fútbol, forzándole a dimitir. El beso no consentido fue calificado como «un ejemplo intolerable de machismo», echando por tierra la reputación del autor. En mi opinión, fue un ósculo inconsciente por parte de Rubiales al no percatarse que había mil ojos enemigos al acecho para machacarle por ello. En su día manifesté en este mismo medio que me parecía de risa se acusase de «agresión sexual» un besuco de tócame Roque. Con mucho más motivo de repulsa es el caso reciente de Julio Iglesias, si estamos más conformes con lo que es verdaderamente, no ya machismo por un beso no consentido, sino abuso o agresión sexual según las declaraciones de dos exempleadas suyas.
Nacido en Madrid en el seno de una familia acomodada durante el franquismo, Julio Iglesias es actualmente el cantante más internacional nacido en España. Comenzó en su juventud como portero frustrado del Real Madrid tras un accidente de tráfico antes de cumplir los 20 años, encontrando en la música un camino inesperado hacia la fama. Tras comenzar su carrera artística en España, ganando el festival de Benidorm en 1968, se hizo inmensamente popular con sus canciones en Estados Unidos y en el resto del mundo durante las décadas 1970 y 1980, obteniendo el premio Grammy. Ya con 82 años a sus espaldas y ser uno de los cantantes más exitosos del mundo —con más de 300 millones de discos vendidos en más de una docena de idiomas y una historia musical comparable a la de Madonna o Elton John—, tiene ahora la Justicia sobre sí.
Laura y Rebeca, como así se conocen dos empleadas de Julio Iglesias en su lujosa mansión de Punta Cana, en la República Dominicana, le acusan, entre enero y octubre de 2021, de ser agredidas sexualmente contando toda clase de obscenos pormenores de que fueron objeto. Una investigación periodística realizada por elDiario y Univisión Noticias, publicada el pasado 13 de enero, recogió las declaraciones de estas dos empleadas, así como una pormenorizada y extensa investigación sobre el comportamiento sexual de Julio Iglesias.
Además de acoso y agresión sexual, Julio Iglesias se enfrenta a la grave acusación de «delitos contra la libertad y trata de personas con fines de trabajo forzado y servidumbre». A ello ya ha respondido el cantante madrileño negando todo lo dicho por las dos empleadas, calificándolo de «absolutamente falso». Confiesa, en un comunicado de redes sociales, que nunca ha sentido tanta maldad, pero que aún le quedan fuerzas para que la gente conozca toda la verdad y defender su dignidad ante un agravio tan grave.
¡Ay Julio, Julio!, cuan presto se va el placer, como perder su disfrute da dolor, como con envejecer todo sexo gozoso se esfumó. Y lo que queda por ver, dándole al caso emoción, es si te enjuician por «sí» o si te absuelven por «no». La Justicia, si es que llega, lo decidirá, aunque mucho me temo que sea hueso duro de roer.