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Los huertos berzales

26/06/2025
 Actualizado a 26/06/2025
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En los inicios de los años ochenta, en mis primeros contactos con la localidad de Villacidayo, me informé de la existencia, junto al pueblo y al lado de la presa, de unas diminutas parcelas o cortinas, unas junto a otras, cuyo conjunto recibe la denominación de ‘El Huerto Berzal’.

Enseguida me contaron la tradición del huerto berzal. Cada familia tiene uno, para sembrar las berzas, claro. En Villacidayo, la tradición era que se sembraban el día de Santa Ana. Todos los vecinos acudían al Huerto Berzal a sembrar las berzas de invierno, cuyos plantones, un día antes, el día de Santiago, había llevado al pueblo a vender el ‘bercero’ de la localidad de Fresno de la Vega, también junto a las aguas del Esla, como el propio Villacidayo.

Creí que se trataba de una particularidad de esta localidad leonesa. Pero no era así. Cuando, investigando en el Archivo Histórico Provincial en los protocolos notariales, me aparecían las ordenanzas concejiles de unos u otros pueblos, en determinadas localidades, aparecía, en alguno de sus capítulos, uno relativo al ‘huerto berzal’ o ‘huerto de las berzas’.

A partir de lo cual, ya deduje que se trataba de una tradición o costumbre leonesa (y acaso de otras áreas de la meseta). Una tradición que, posiblemente, se convertía en una obligatoriedad, marcada, acaso, por esa necesidad de tener un alimento, como es el de la berza, una sabrosa verdura, para subsistir durante el invierno.

En Villacidayo, las berzas se plantaban muy tarde, el día de Santa Ana, el 26 de julio, ya que eran para el invierno. Pero más común es que las berzas habían de sembrarse el día de San Juan, el 24 de junio, esto es, en el solsticio de verano.

La profesora de historia moderna de la universidad de León María José Pérez, en una investigación publicada sobre Omaña, edita las ordenanzas concejiles de Cirujales, aprobadas en 1786. Pues bien, el capítulo 44 de las mismas versa «sobre los huertos de berzas» y nos dice que todos los vecinos y moradores del pueblo han de sembrar las berzas («hagan huertos de berzas») el día de San Juan. Para controlar que todos lo cumplen, nombran a dos vecinos para que lo comprueben. El vecino que no lo hiciera, había de pagar una pena vinal, ya fuera una cántara de vino y hasta medio azumbre. El 8 de julio, volvían a realizar otro control y al vecino que no tenía su huerto berzal en regla, con el sembrado creciendo se le imponía el castigo de tres cántaras de vino.

Una tradición ya perdida, pero que ha formado parte de la vida de no pocos pueblos leoneses, a juzgar por su presencia en determinados capítulos de las ordenanzas concejiles.

En Villacidayo, cada vecino, una vez plantadas las berzas el día de Santa Ana, las regaba, día a día,  a calderadas, utilizando un caldero que se llenaba de agua en la presa que pasaba al lado, en un cuidado que duraba todo el verano, hasta que las plantas ya se afianzaban, como alimento para los crudos días invernales.

Y aquí surge otra imagen ya ancestral: la del pote con las berzas, sobre el fuego de la lumbre, suspendido de las llares o ‘pregancias’ a lo largo de toda la mañana, hasta conformar ese sabroso caldo de berzas que se vaciaba en las cazuelas o escudillas para la comida familiar del mediodía.

El plantar las berzas en los pequeños huertos o cortinas familiares es una tradición vinculada con el día de San Juan, cristianización del solsticio veraniego, de la que apenas se ha hablado nunca.

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