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Huelga a la carta

08/03/2018
 Actualizado a 17/09/2019
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No todo vale para defender una causa justa. La huelga feminista esconde bajo un lema difícilmente cuestionable una letra pequeña en su manifiesto que la tiñe de ideología y de revanchismo. Por eso, independientemente de lo que esté sucediendo hoy la iniciativa es ya un exitoso fracaso. El logro ha sido colocar en el debate público durante semanas una realidad que es urgente y necesario corregir. Las mujeres deben ser tan libres e iguales en todos los ámbitos de la sociedad (y de su vida) como los hombres, algo que todavía no sucede. Han conseguido que este Día de la Mujer no pase de largo como pasan todas las conmemoraciones, con pancartas de usar y guardar hasta la manifestación del año siguiente. Es insoportable la violencia de género, la discriminación laboral o el rebrote del acoso a las mujeres entre los más jóvenes.

Sin embargo, esa causa justa e inaplazable ha perdido esta oportunidad por culpa del oportunismo interesado que sigue desmoronando este país. Los partidos y organizaciones de izquierda se han empeñado en disputarse la maternidad de la convocatoria, tanto que han logrado que perdiera la transversalidad necesaria para implicar a toda la sociedad. Se me ocurren pocas luchas tan transversales como la de la igualdad, y sin embargo, va a quedarse en otra fecha más para posicionarse políticamente. Esa letra pequeña del manifiesto incluye una lucha anticapitalista, un rechazo al liberalismo y un tono de programa electoral de precampaña que expulsa de la movilización a todas las mujeres conservadoras y de centro, que digo yo que ‘haberlas haylas’ y que también batallan cada día contra el machismo. Pero quienes redactaron el manifiesto se esforzaron en que ahí quedara bien clarita su lucha, y solo su lucha, concienzudamente lejos de las reivindicaciones compartidas e intercambiables que son las que hacen consenso.

Tal desbarajuste existe en esta convocatoria que, más que una huelga, es una serie de huelgas superpuestas. El citado manifiesto alienta a no acudir al trabajo durante toda la jornada, y a huelga de cuidados, de consumo y hasta educativa. Los sindicatos mayoritarios solo respaldan un paro de dos horas durante la jornada laboral, y el PSOE (de nuevo en tierra de nadie), apoya sin apoyarse no se sabe exactamente cuál de todas esas iniciativas. Luego están quienes afirman que estos paros deben hacerlos solo las mujeres, para que se sienta profundo su hueco y se dibuje el vacío de su silueta, y los que animan a que también se ausenten los hombres como evidencia de que se trata de un problema social que debemos solventar entre todos. Un guirigay inédito y confuso para una huelga legal que fue registrada en el Ministerio de Empleo y ante la que están amparados todos los que deseen secundarla. No hay menú del día en la huelga. Cada colectivo pide a la carta, la primera huelga a la carta que puede hacerse en España. De primero huelga y de segundo también. Un lema de entrante, una injusticia de plato fuerte y algún meme de postre. Con la cocina siempre abierta. Un auténtico fracaso organizativo, quién sabe si deliberado, que vuelve a demostrar la intención de espectáculo político-teatral que busca fotografías de portada más que propuestas reales.

Por lo menos hemos tenido suerte y huelga es un sustantivo femenino. No es algo baladí, que ha ahorrado un nuevo maltrato al idioma de los que suele practicar el feminismo hueco y de anécdota. Es una señora huelga que no necesita inventar una nueva palabra, lo femenino no hiere sensibilidades. Es 8 de marzo, huelga decirlo.
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