Supongo que ya no da más de sí el tema, que ya quema,pero es que huele a muerto y no hay perfume que aplaque este incienso de árbol muerto y resucitado y quemado tantas veces. Parece que ser berciano es eso, intentar levantarte después de tocar el límite para de nuevo tropezar, con zancadilla o zancada mal dada y darte de bruces contra el mismo suelo. Rayo o cerilla, traducido a nuestro verde. Encabezamos la lista de incendios en todo el país, hasta 12 se registraron en una comarca en la que el cielo ha puesto su dedo y no ha sido para nada bueno. Que os quejabais del agosto pasado, ehhh, pues mirad la que os tenía guardada, decían por los altos algunos monstruos ensangrentados que ven en nuestra ruina su orgullo. Y se encendió una mecha imparable al superar los treinta grados centígrados. Es como una rendición. Como si ya nada se pudiera hacer…He soñado que ardemos en nuestra hoya berciana, cocidos por el fuego, esperando a fallecer mirando a las llamas que se acercan desde los cuatro puntos cardinales.Dejándonos a la muerte sin gritar, sin escape. Y me he despertado de un salto de corazón, mirando de frente a esa pesadilla que puede no estar tan lejos. Lo del agosto pasado no fue un caso aislado ni la conjunción de todos los demonios. Fue la evolución de lo que no hemos hecho, o de lo que sí. Y esa conjunción envenenada no nos va a dejar hasta que no pensemos que un asiento en una administración no nos da derecho a asesinar a una comarca.
No estamos preparados para unos fuegos que regala la naturaleza en extinción, y lo hace en el apogeo de un monte que ha perdido su valor social y cuyo abandono es nuestro mechero. Da igual de donde venga la llama, hay que intentar acortar su mecha. Pero eso se queda para los ingenieros comprometidos que alzan la voz sin un pelo en la lengua. Para los que deciden, lo que importa es cuánto cuesta. Y si la respuesta es poco, por ahí no avanzan. Mejor los titulares que empiezan por millones. Ocho helicópteros, cuatro bulldozers. Piensan que eso vende. Las ovejas «bomberas», esas son el chascarrillo de algún hippie que siempre tiene ideas colosales con las que marcar una media sonrisa y dejarlas pasar. Y mi pesadilla de espera a ser devorada por el fuego se aviva al ver que lo único que se hace es llamar al prójimo porque ya no llega uno mismo para contener la voracidad de un fuego al que se le da de comer por encima de sus posibilidades. Su gordura nos mata. Si no es emulando mi pesadilla es dejándonos un reguero de agua enlutada y una naturaleza muerta que se sale del cauce que debía llevar por ser eso, natural. No quiero volver a ese sueño alterado…y no sé si el reloj de arena se estará acabando para que se haga realidad.