Raúl Fenández

«Hostia, cómo empujan»

16/10/2026
 Actualizado a 16/10/2026
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Hay cosas que uno no sabe muy bien cómo explicar hasta que empieza a echarlas de menos, en mi caso, El Toralín. Porque desde que todo saltó por los aires en la grada a finales del año pasado, nada ha vuelto a ser como antes, ha tenido intentos con las eliminatorias de promoción de ascenso, pero no el estadio que todos conocemos. 

Echo de menos cuando el estadio solo metía el primer gol, el que se levantaba con un simple córner aunque el partido estuviese siendo un bocadillo de cemento o el que lloraba de lo que pudo ser y no fue aquel día ante el Leganés. Porque si algo ha destacado a la Deportiva todos estos años (más de los que yo la llevo viendo) ha sido ese sentimiento de pertenencia, su afición y un ‘templo’ que no era un simple estadio de fútbol, pero esta temporada me he dado cuenta de que nada es como antes. Porque vi a mi Toralín muerto ante el Mérida, Mirandés y Real Avilés, hay aplausos, el típico «Deportiva» y palmas, pero duran pocos minutos.

Una situación que me hizo reflexionar tras estar el pasado lunes en el Lugo - Logroñés y ver lo que han creado en solo 7 jornadas de liga en un Anxo Carro que no había visto nunca con ese ambiente y que me llevé a lo personal diciendo «joder, esto era El Toralín». Y más que nunca me quedo con aquella famosa frase de Pacheta cuando vino con el Real Valladolid y salió «enamorado de este estadio. Hostia cómo empujan, me gusta». Eso era El Toralín, un campo que hacía temblar a proyectos mucho más grandes.

Y dejo a un lado quién tiene la culpa de la situación para no ser ni ‘palmero’ de unos, ni ‘amigo’ de otros, porque no me considero ninguna de las dos cosas. Simplemente he visto a un club defendiendo lo suyo y a los suyos, recibiendo incluso insultos, y a unos aficionados cabreados con la situación de un club que no pasaba por su mejor momento deportivo, aunque en mi opinión pasando una línea roja. Mi pregunta para ambas partes es: ¿por qué no se arregla? Todos queremos el bien de la Deportiva, llegar al Toralín y empezar a animar con las alineaciones y no ir a protestar, poner malas caras y mucho menos insultar a los dueños del club, pero es que la situación va a cumplir un año y mientras tanto el resto del estadio tiene que aguantar insultos, escuchar más a Nafti y a los jugadores o incluso a la afición rival que a su propia afición. No creo que la solución sea tan complicada.

Porque somos una comarca entera de la Deportiva y con un sentimiento espectacular que no tienen otras ciudades con sus clubes, tendrán dinero, pero no afición. Por eso todos deberían mirarse a las caras y pensar en volver a escuchar el «Hostia, cómo empujan».

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