No hace tanto que sobrevivíamos sin contar al resto del mundo en directo qué estábamos haciendo en cada momento y lo bien que lo estábamos pasando. Los 300 mensajes diarios de Whatsapp –por decir un número– podían ser perfectamente sustituibles por un ‘toque’, el llama-cuelga con significados de lo más variado y que dejaba volar nuestra imaginación en más de una ocasión sin apenas permitir que sonara el politono –que bien podría calificarse como terrorífico, dirían por aquí– tan característico de un aparato que no sé como encajará de nuevo entre tanto ‘smartphone’ dispuesto a hacernos vivir conectados 24 horas al día.
Lo que seguro que no volverá serán esas promociones que hacían que –sólo durante un fin de semana y muy de vez en cuando– cambiáramos los ‘toques’ por mil ‘SMS’ sin hacer que nuestro saldo estuviera próximo a agotarse, pero con el límite justo para no estar pegados sábado y domingo al móvil. Lo llamaban las ‘Horas felices’...
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