La nueva hora nos confunde, como la noche a Dinio. Ha sido atrasar el reloj y todo se retrasa, también las cabezas. El debate está centrado en si el cambio tiene beneficios o no para madrugadores y/o noctámbulos, para el ahorro de energía o la salud, el sueño o el metabolismo, qué lío. Allá la ciencia y el huso horario, allá las isobaras y los políticos… sea como sea el desajuste, siempre se produce algo (un hecho, no una opinión) que debiera alarmarnos: de nuevo nos han cambiado automáticamente la hora en el móvil y en el ordenador, sin que hayamos denunciado allanamiento. Aceptamos con naturalidad esa intromisión ¡en nuestros dispositivos! sin pensar que se empieza por ahí y llegará un día en que desde fuera nos enciendan la vitro o nos apaguen la calefacción o nos impongan, por la misma regla de tres, la cadena que debemos ver en la televisión. Con el mismo método, eh, sin haber entrado en casa y sin nuestro permiso. No protestamos: la adaptación del ser humano es asombrosa, nos acostumbramos a todo.
Más enredos. Con tanta importación/exportación de tradiciones se nos confunden los mensajes, se mezclan eventos, fechas y celebraciones. Tan rápido avanza el mundo, tan veloz la historia (al menos, la comercial) y tan pene/trados estamos por la cultura norteamericana (ya no viene Paco, vendrá `Blas Friday´ con las rebajas). Navidad y `Halloween´ vienen a ser lo mismo. No sabemos si hemos ido al nutrido badulaque de José Aguado a comprar luces de colores para el nicho del pueblo o a por un centro de flores para colgar en el árbol de casa, qué lío. Igual sucederá en carnaval y Semana Santa, dos acontecimientos medio combinados por la D: desfiles y disfraces. El tiempo superpone las noticias y el mismo barullo tenemos con los premios recientes: ¿le han dado el Nobel de literatura a un televisivo español megapijo o el Planeta a un húngaro impronunciable? (aquí un inciso: Tinof está muy cabreado, y con razón, pues percibe que el de aquí no es un premio literario ni económico, es un premio político para que el premeditado ganador aproveche su momento y salga atizando al día siguiente al gobierno y al Presidente; el año que viene el Planeta para Motos y así sucesivamente).
El desconcierto alcanza a la política local, cómo no. Tantos viajes seguidos de Sánchez a León (con la saca vacía siempre) nos han desorientado a todos, desde el alcalde a los ciudadanos, desde el Castillaleón del candidato a ciertos periódicos poco equilibrados. Los leoneses dudan de si Peeedro en la última visita llegó para poner un alcalde nuevo en esta ciudad o si en la anterior vino a colocar a alguno de los suyos en el Incibe, qué lío. Incluso ese-diario-del-que-usted-me-habla sufrió un serio desvarío en sus editorialistas. Mira que detestan al presidente y las siglas del Psoe, pero acabaron rendidos, pidiendo un aplauso y casi el voto para ellos, sólo porque todavía odian más, mucho más y personalmente, al regidor de la capital. Odios sarracenos sí, pero hay un ranking. Cuestión de prioridades. Y de confusiones.