Cristina flantains

Los hombres que NO aman a las mujeres

21/10/2026
 Actualizado a 21/10/2026
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España es el primer país de Europa y el tercero del mundo en consumo de prostitución. Aquí, entre el 20 y el 40 por ciento de los españoles han pagado por practicar sexo en algún momento de su vida. Si nos ponemos en el peor de los casos, estaríamos en Castilla-La Mancha.

Cuando hablamos de datos, todo parece más etéreo, porque nos permite generalizar y generalizar supone abrir una puerta a su contrario para dejar caer allí todo el peso de nuestra turbia conciencia: El 60% de los hombres no ha sido putero en ningún momento de su vida. Fenomenal. Aunque por los pelos, son mayoría los «normales». Nada nos impide pensar que, junto a ellos, formamos parte de esa mayoría, porque siempre es así, somos gente corriente y moliente, somos La Mayoría, así que: padres, hermanos, hijos, cuñados, amigos… etc., etc., los nuestros, automáticamente les colocamos en ese 60%, junto a nosotras.

El problema deja de ser nuestro, no nos afecta. Volviendo a ese incómodo dato del 40%, los que son «los disfuncionales», los puteros en definitiva… no tienen un perfil específico, puede ser cualquiera: policías, médicos, electricistas, hasta curas… pueden estar casados felizmente o ser felizmente solteros. Jóvenes, más maduritos, ancianos. En solitario o en grupo de amigos… Y no solo o no siempre buscan placer sexual. Pueden estar integrados en el imaginario de cualquier mujer que se cree que ese 60% ha sido creado para ella o no.

Aunque el garito luce con luces de neón a pie de carretera, ellos entran discretamente por la puerta de atrás. En esta ocasión, «la puerta de atrás» tiene un significado literal y figurado porque lleva implícito el estigma de los malditos. Es difícil de imaginar el estado de ánimo de un ser humano cuando está determinado a infringir a otro ser humano la pena mayor: la destrucción intencionada de su dignidad. Y es difícil de imaginar también cómo, después de perpetrar la tropelía, es capaz de sobreponerse a ella y acudir como un cordero a su casa, para sentarse a la mesa con su madre, con su hija, con su mujer y comer del mismo pan con la humillación de su víctima todavía enredada en sus muslos, en sus esfínteres, en sus fosas nasales.

Si yo fuera una mujer adepta al método científico y tuviese la resiliencia suficiente para calcular cada día, fríamente, ese cuarenta por ciento de hombres puteros que se han cruzado en mi día, infringiendo gratuitamente a un semejante el mayor de los agravios (el 40%, ni uno más ni uno menos)…

Si yo tuviera el valor de darle una patada a mi influencia normativa y dar la espalda a hombres que potencialmente exhiben la posibilidad de pertenecer a ese ignominioso cuarenta por ciento…

Si yo fuera capaz de alinearme empáticamente, sin fisuras, con esas mujeres víctimas de las redes de prostitución… Si cada vez que paso por delante de un puteroclub cuando voy en carretera, cuando voy al supermercado, dejara de normalizarlo y lo viera como lo que es, un infierno, la casa del horror, un sitio de tortura como los campos de concentración fascistas, la prisión y el horror de unas cuantas mujeres idénticas a mí, donde cada día una pandilla de sádicos les arranca su dignidad girón a girón…

Si fuera yo la que dijera ¡basta! ¡Basta ya de tanta ignominia, de tanto sadismo, de tanto macho alfa devenido a miserable putero!

Si fuera yo y cada una de nosotras las que pusiésemos las líneas rojas so pena de perderles para siempre (¡¿y quién los quiere así?!), esto, y otras cosas tremendas, se acabarían.

Pensadlo.
 

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