Definitivamente se están perdiendo los papeles en algunas sociedades. En la Islamita, por ejemplo y mucho más después de lo ocurrido el pasado 7 de enero en París.
¿Qué pasa por las mentes de esos hombres y mujeres que reaccionan con metralletas a unos dibujos alusivos en tono de humor a su profeta Mahoma o en definitiva a sus creencias? ¿Pero no hemos aceptado que el diálogo es el camino más corto y mejor para el entendimiento entre seres humanos? ¿O es que estamos dejando de ser humanos?
Es difícil decir que si.
La gran Francia, de la igualdad, la de la legalidad, la de la fraternidad, la moderna, la permisiva, la muchas veces abanderada de la innovación y la moda, la coqueta, la presumida, la tremendamente femenina por su sensibilidad, esa gran Francia, se ha visto herida por dos mentes cerradas y negadas al progreso. Por dos mentes fanáticas. Por dos mentes que sólo aceptan el «aquí mando yo», por dos mentes que son valientes sólo cuando actúan por la espalda y con la cara cubierta. ¡Qué valientes!
Y además se inmolan creyendo que ganan el paraíso lleno de vírgenes para ellos solos. ¡Qué infelices! No dan más de si. Y lo dramático es que se llevan por delante gente buena, honrada, inocente, como estos trabajadores del semanario CharlieHebdo, cuyas armas de lucha son…., eran, unos lápices, unas plumas, unos colores y sobre todo un enorme talento para hacernos pensar .
¿Qué culpa tenían esos trabajadores? A veces, ¡qué injusto es el destino!
Basta que se sea una persona, un equipo, honesto y trabajador para que aparezcan en el horizonte, gentes ¿gentes?, con pensamientos distintos, que les permiten, piensan ellos, tomarse la justicia por su mano y provocar una masacre.
Que tremendo lavado de cerebro sufren esos asesinos para que hagan de su sangre fría todo un alarde de poder, reitero, siempre por la espalda y con el rostro cubierto. ¡Qué valientes! Y después a correr como gallinas, llevándose por delante todo lo que puedan. Eso les hace más mártires y más merecedores del paraíso y de las vírgenes. ¡Qué ilusos!
Me hubiera gustado mucho escribir este artículo con un lápiz o una pluma como homenaje a esos colegas de Charlie Hebdo pero me someto a la tecnología y utilizo el ordenador. Pero quiero decirlo alto y claro para que se entere el mundo: ¿Tanto daño se hace con un lápiz? ¿Tanto sufrimiento se transmite con unos colores? ¿Tanta sangre se derrama con unos dibujos?
¡HOLA, SOY CHARLIE!
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