Fernando Prada

Historias de aquí más o menos vs generación atrapada

16/09/2026
 Actualizado a 16/09/2026
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León es una ciudad del noroeste de España, fría, mesetaria, coqueta, agrícola, ganadera, autónomos, funcionarios de carrera e interinos, bancarios, universitarios y boomers guaperas. Un poco burguesita todavía porque la herencia señorial fue grande y queda el regusto en ciertas familias, aunque sus nuevas generaciones cada día tienen más problemas de cartilla y de efectivo para el día a día, las familias de antaño ya no están ni se esperan, está ligera la cuenta corriente y hasta el ser papón lo ponen en el curriculum, no digamos si eres de la junta mayor y en  alguna cofradía llegas a presidente o abad, hay mucho curriculum social, un poco político, y profesional lo justo. Los que vienen y se quedan, dicen que lo mejor de la ciudad es la seguridad, tranquilidad diaria y los colegios para sus hijos. Nuestras muchachas/os crecen, van a salir muy preparados y se los rifan las empresas de cualquier sitio. El tiempo pasa, se termina la preparación y se van de casa o quieren hacerlo, primero se intenta en la ciudad, en la provincia, en la comunidad, en el pais y en los continentes. Se tiene la carrera con nivelazo, erasmus, la tesina, la tesis, los másteres, dos idiomas y muy deportista, pero a partir de aquí, toca pasar por el aro, llega la hora del trabajo y ahora todos con un carro de diplomas para empapelar una casa y certificados que cuestan tiempo, estudio y dinero. Llegamos cerca de la treintena, quiero emanciparme, vivir con mi pareja, tener algo para mis gastos, viajar un poco en vacaciones y comprarme un coche. Comienza la vida laboral, de momento alquiler con mi pareja que no se sabe si almacena o acumula másteres, certificados y también habla dos idiomas e intenta conseguir un trabajo y tener la mejor calidad de vida posible.  

Pero el trabajo está en otra ciudad, eres inquieto, muy bueno y tienes kilos de certificaciones que lo avalan pero  en tu ciudad fría y  muy familiar no puedes realizar el trabajo para el que te formaste por el mundo  y debes ir a  otra más populosa o a la capital del pais, pero allí cambia tu vida, te vas  encontrando atrapado, vives para trabajar, te recomiendan de terapia, no engordar, hacer cardio, e ir a pilates y yoga, pero sueño con mi ciudad burguesita y coqueta con todo a mano todos los días. Tengo un nuevo jefe, en la entrevista el primer día dice que somos muchos los que venimos y el sueldo será como en tu ciudad o un poco más, aunque aquí todo es más caro, así que solo te dará para vivir el mes o con tú pareja si trabaja y estar algo más holgado o en un piso con más personas y pagar todo a medias. El pensamiento mágico cambia, me hago realista y estoy pensando en preparar unas oposiciones, meterme en política o en un sindicato de clase, pero la melancolía al final se hace depresión y su abuelo que ya vivió sus estaciones provinciales, bebió de la fuente de la edad y contempla la luna de lobos desde su pueblo a diario, le da buenos consejos. Sus palabras son las de siempre, perseverar como lo hicieron los de la generación del silencio que siguen en silencio, vivieron a pesar de todo y todos tuvieron hijos que son los boomers guaperas actuales y ahora sus nietos deben seguir porque tendrán que ser en un futuro los que aconsejen. La pelea al final es que no exista la generación atrapada y para ello hay que perseverar mucho y valorar otras formas de aguantar el futuro, la perseverancia hace fuerte a la persona. 

Va por ellos.
 

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