‘Desescalada asimétrica’, por ejemplo, es concepto que ha dejado fuera de juego a muchos presidentes autonómicos y partidos de la oposición, porque no están, como el gobierno, inmersos en esa dialéctica visionaria, en este futurismo lingüístico. Todo empezó con el pico de la curva. Sospechábamos, tal vez, que una curva solía tener extremo, cima, culminación, hombro incluso, pero no imaginábamos que, en efecto, también tiene pico. Más aún, la curva no viene doblegada de por sí, a la curva hay que curvarla. Y cuesta.
Vivimos un tiempo de neologismos, pues en primera instancia en eso consisten los cambios históricos: en acuñar nuevos lenguajes o señalar lo antiguo con un nombre nuevo. Más tarde se redactará la acepción. No estamos ante el mismo perro con distinto collar, más bien es un perro nuevo y joven al que hemos bautizado con un nombre distinto pero seguimos tratándole como al perro que se murió, al que tanto cariño teníamos. Es un perro y, hasta cierto punto, el mismo perro. Al menos al principio, mientras crece y se hace diferente.
Los conflictos surgen cuando los términos nuevos confunden o se entrometen en conceptos antiguos. Distinguir qué es actividad física y qué un simple paseo, por poner un caso. O la distancia social. No me cabe duda de que la crisis actual aumentará la distancia social, todas lo hacen. Pero esa distancia no tiene nada que ver con la distancia de seguridad, individual o interpersonal, como queramos llamarla. Esta es una medida provisional. Aquella es una ley no escrita de la historia. La historia de una desescalera, el perro viejo que no se muere nunca.
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