23/06/2026
 Actualizado a 23/06/2026
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Hace más de dos mil años, en la antigua Grecia, quienes interpretaban un papel detrás de una máscara, prestando su voz a un personaje ajeno, recibían el nombre de hipócritas. Con el tiempo, la palabra pasó a designar a quienes condenan en otros lo que ellos mismos practican; a quienes dicen una cosa y hacen la contraria; a quienes llevan la máscara cuando ya no hay teatro.

Los hipócritas siguen entre nosotros. Ahora visten traje, disfrutan de acomodo institucional y acuden a cualquier manifestación para reivindicar futuro y hacerse, simplemente, la foto.

Txaciana lleva años reivindicando inversiones y porvenir. Este valle de lágrimas sufre no solo el abandono, sino también la indiferencia y el despropósito. Solo cuando hay cámaras o elecciones lo visitan con promesas bien aprendidas en discursos que ni siquiera se creen. Solo interpretan el papel. Después llega el silencio: un silencio que huele a polvo y a caminos sin asfaltar.

El pasado día 10 de junio, más de 2000 txacianegos escucharon el manifiesto leído por dos estudiantes en las puertas del exilio. Un manifiesto brutal en su verdad escueta: años de abandono institucional, promesas incumplidas, planes de reconversión y reactivación fallidos; en suma, engaños, y una falta de compromiso real.

Los fondos Miner son el símbolo más elocuente de esta hipocresía institucionalizada. Dinero europeo que llegó con fanfarria y que se repartió para hacer lo que las administraciones debían haber hecho con sus propios presupuestos. No generó el tejido productivo prometido. Pan para hoy y hambre estructural. Desde 1998 se ha perdido el 65 % de la población: no es una estadística, es el obituario colectivo escrito a cámara lenta.

Eso sí, representantes de todos los partidos han pisado Txaciana con el ceño fruncido y el puño alzado. Los mismos que firman en Madrid o Valladolid enmiendas contrarias a los fondos de transición justa, a los planes de reindustrialización, a las inversiones en conectividad. Y luego vuelven con el Frente Común, con la máscara puesta y el micrófono cerca.

El manifiesto lo dijo claro: no podemos depender de administraciones a las que se les llena la boca hablando de la España vaciada. Se les llena la boca, no las arcas.

Txaciana merece futuro y respeto. Sin máscaras. Sin teatro. Sin Hipocresía.

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