Ante la gravedad de la situación que estamos viviendo, bien podríamos pronunciar las mismas palabras que un día Cicerón le dijera a Catilina: «Quousque tandem abutere, Sánchez, patientia nostra?».
Todo es muy grave y su resistencia no sé si se debe a ese sentimiento de impunidad que posee todo autócrata o a intereses superiores que lo atornillan al poder porque dejarlo caer ahora iría en contra de sus pretensiones, pero Pedro debería calcular mejor el daño, porque su permanencia está acabando con la democracia en España y con su propio partido del que, en breve, si no se ataja, solo quedarán cuatro gatos y cuatro siglas.
Cuesta decidir qué es lo peor entre tanta basura. En mi opinión algunas de sus afirmaciones de esta semana. Recuerdo perfectamente que hace cuatro años escuché ya el rumor del pucherazo de las primarias en la barra de un bar e inocente de mí, lo defendí a él. Afirmé a mi interlocutor que eso era imposible en España. Me toca pedir disculpas y reconocer que sí, que ya estamos en una dictadura bananera o casi.
Sean dos papeletas o doscientas mil, la confianza está perdida. Quien amaña elecciones en su partido lo haría en unas generales si pudiese, quien introduce dos papeletas lo mismo introduce urnas llenas. Y eso solo sucede en democracias fallidas. Pedro Sánchez es un secretario general ilegítimo.
Dice que no puede convocar elecciones porque ganaría la derecha. O sea, que no las va a convocar hasta que no las pueda ganar. Bueno, entonces lo que los ciudadanos quieran no importa nada, él se siente legitimado para imponer su sacrosanta voluntad. «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo». ¿Les suena?
Por último, la Ley Bolaños. Cuando la judicatura se declara en huelga, deberíamos empezar a temblar, porque eso significa que los pilares del Estado de derecho podrían derrumbarse. Parafraseando de nuevo a Cicerón: «Lo sabremos todo, la luz del día no es tan clara para nosotros como tus culpas».