Abrir la ventana con la legaña, y que el bochorno invada el cuarto en cuestión de segundos. Sol, calor, cielo azul, campos desgastados y una sonrisa porque vas a vivir otro día de vacaciones de verano. Ha llegado la gran época, el tiempo de los pueblos, el de disfrutar sin conocimiento, el de juntarse con los que sólo se puede una vez al año, el de las mañanas inexistentes, tardes vibrantes y noches largas. Los meses de nubes, lluvia y frío quedan atrás, los de deberes, exámenes y trabajos, los de una rutina inane, los del ansia porque «llegue ya eso, por favor, lo necesito, los necesito».
Has llegado. Qué lejos te quedaba por aquel tortuoso y lúgubre octubre, tu rostro se oscurecía porque estaba tan al horizonte que te pensabas que nunca llegaría. Cuántas semanas, cuántas tardes encerrado, cuántos hundimientos morales, y ahora que ya lo has alcanzado no lo procesas, porque tienes una vida que recuperar. Plan aquí, plan allá, con estos, con los otros, sí a todo, que este tiempo es diamante.
Al brillo le acompaña todas esas personas que vuelven para olvidar y simplemente disfrutar en el origen de la humanidad: el pueblo. Los niños recuperan sus calles, sus piscinas, sus ríos, sus pistas, sus parques, sus bicicletas, sus escondites nocturnos; esas pandillas que serán para toda una vida. Los adolescentes vuelven a arriesgar, a planear, a hacer deporte a 30 grados y volcar una botella de agua en la sien, a dar vueltas, a liarse, a bailar delante de una discomóvil, a probar el primer cubata… Los jóvenes a regresar a ese lugar que cada año les da energía para seguir, ese empujón para soportar todos los reveses, a reunirse de nuevo con los que se comparte la época más valiosa desde tiempos inmemoriales, con los que se recuerdan momentos surrealistas del pasado y se viven de nuevo para recordarlos al año siguiente. Y los adultos, mientras tanto, observan, soportando las idas y venidas, las recogidas a las tantas, la atención; porque el orgullo de que ellos también disfruten de lo que yo hice, es muy superior.
Aún me pregunto qué hacen los que no tienen esto. Cómo lo hacen…