Porque no podemos pararnos aquí. Una vez que se empieza, hay que seguir. Hay que continuar eliminando fuentes. Primero la del Crucero, qué mira que era fea. Un clamor popular abogaba por eliminar esa aberración de cemento y agua que se levantaba en una de nuestras rotondas. A mí me gustaba, la verdad, pero cómo parar tal expresión de indignación: manifestaciones, recogidas de firmas, protestas a todas horas para borrar tal ignominia… Y al final, la quitaron. Ahora hay una escultura. Cuando la estaban montando, pensaba que era el armazón sobre el que iría el monumento, pero no, esa es la figura de verdad. A mí me sigue gustando más la fuente que había antes, con lo que queda claro que no sé nada de decoración urbana.
La siguiente en la lista es la de Santa Ana. Es inmensa. Grandes chorros de agua asoman entre piedras y caen formando cascadas hasta dos pequeños estanques rodeados de arbustos y hierba. Horrible. ¿Cómo podemos tener tamaña monstruosidad en nuestra ciudad? De nuevo, a mí me gusta, confirmando definitivamente que no tengo sensibilidad ninguna, ni entiendo de estas cosas, ni nada, porque, al parecer, dicha fuente, de la que salen unas fotos brutales si escoges bien el ángulo, no es lo suficientemente bonita para recibir a los peregrinos que recorren el Camino de Santiago o, al menos, ese es el motivo que se esgrime. Así que, la pobre, está condenada. Se ha abierto un concurso de ideas para ver qué puede sustituirla. ¿Qué se apuestan a que sale: hacer una rotonda? Porque ahora están muy de moda. Piensen en la del puente de los leones. Antes había semáforos, y no tenías nada más que hacer que esperar a que el disco se pusiera verde, ahora, en cambio, es mucho más emocionante. No saber si otro coche se te va a cruzar o si va a hacer la rotonda por el exterior y te va a atizar si intentas entrar no tiene precio.
El tema del tráfico también se puede esgrimir como motivo para borrarla de nuestra ciudad. Está claro que la fuente estorba mucho, sobre todo a las horas punta, los días de lluvia y en vacaciones, cuando los que se fueron vuelven de visita. Pero eso no es cosa de la fuente, es de que la ciudad no está preparada para el tráfico masivo.
Y, como digo, ahora ya no podemos parar. Guzmán, fuera, que no es más que un retrete para palomas. La fuente de Santo Domingo, también, que estorba para poner el árbol de Navidad. Las de los parques, por supuesto, que hay que dejar el espacio diáfano y las que están por los barrios después, que luego se quejan que son menos que los demás. Y ya que estamos, cerremos también las fuentes de beber, que hay que fomentar el comercio local. Con lo que nos vamos a ahorrar en mantenimiento podemos reinvertirlo en cosas útiles para la ciudad como, por ejemplo, decoración urbana.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.