A nada que sale un ratín el sol, todo cambia. El color de las cosas es más vivo y chispeante, el aire parece más limpio y menos espeso. En el suelo, las huellas del caminante se derrumban en la arena y las piedras, enjuagadas, después de tantos días de lluvia, invitan a cogerlas y manosearlas. Los pájaros alborotan, preludiando las sinfonías de primavera… Todavía es pronto, pero ya todo está en marcha. Me lo dice cada brizna, cada soplo, cada minúsculo golpe de luz.
Todo va bien, me digo sonriente como si hubiera descubierto la penicilina; corren tan malos tiempos que cualquier cosa parece posible, incluso la hipótesis de que deje de llegar la primavera.
Desde donde estoy veo el valle precioso. Los pueblos salpicando el paisaje y el río zigzagueante, la carretera, la tierra sin su cultivo, las masas de árboles deshojados, intensamente dignos en la simplificación de su esencia…
9,5 habitantes por km² es un lujo brutal por el que doy las gracias cada día.
Ha saltado a la palestra, estos días, que el alcalde de Valdelugueros infló el censo antes de las elecciones del 2023. La noticia habla de 21 personas, aunque luego da un paso más y entra en otro detalle.
Bueno, que un político juegue sus bazas deshonestamente es algo a lo que ya estamos acostumbradas. En este caso es casi enternecedor que la estrategia desplegada sea efectiva en un número tan bajo de votantes. Que no tengan que ser diez mil, ni un millón. Con 21 la cosa está resuelta. Cosas de la España vaciada.
Llama la atención el descuido en el planteamiento de la estrategia; las 21 personas están censadas en solo dos casas. Tan fácil le ha parecido a este señor engañar que ni siquiera ha tenido la delicadeza de urdir una mentira con un poco de verosimilitud. Supongo que le constará la laxitud de las instituciones en cuanto a lo rural se refiere, aprovechando para hacer sus tropelías.
Pero lo que más me ha llamado la atención no es esto, que al fin y al cabo es el pan nuestro de cada día; lo que me ha llamado la atención es cómo llega el magistrado que destapa el caso, al indicio que le hace revelar el delito. Descubre una población envejecida de 501 empadronados, de los cuales solo tienen tarjeta sanitaria 178. La pregunta que se hace es cómo todos esos individuos mayores están renunciando a una atención médica de proximidad, fundamental para ellos por su condición de mayores.
La conclusión es que ni los mayores ni los niños podrían vivir nunca allí porque no tienen servicios de sanidad ni de educación. Habrá recordado el magistrado que estrangular los servicios básicos es la piedra angular de la estrategia y rápidamente todo le ha encajado. Cuando no quede ninguno acamparan otros intereses a sus anchas. Así que alguien está mintiendo.
No sé si el magistrado en algún momento de su concienzuda carrera, ese tipo listo que todo lo ve, como el ojo de Sauron, se ha preguntado qué hubiese pasado en Valdelugueros si nadie hubiera cerrado la escuela, ni el centro de salud, ni hubiera asfixiado las posibilidades de trabajo hasta convertirlas en cero patatero. Si en ese supuesto al señor alcalde le hubiese valido con inflar el censo a fuerza de captar a unos cuantos mayores de su palo para ganar las elecciones, o por el contrario hubiese tenido que zambullirse en una auténtica campaña en la que la oferta y la demanda de servicios para sus vecinos fuera la protagonista. Lo que viene siendo un buen programa electoral: ¿recuerdan? Quizá ya no. Hace tanto, ¡tanto tiempo!, que aquí nadie se preocupa de nada…