Imagen Juan María García Campal

Haberlos haylos... por doquier

27/01/2016
 Actualizado a 18/09/2019
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Si algo caracteriza a este país desde el siglo XIX son los intentos –individuales o grupales– de apropiarse de la condición de liberal, en la acepción entendida como ser «comprensivo, respetuoso y tolerante con las ideas y los modos de vida distintos de los propios, y con sus partidarios». Sin embargo, si algo le sobra a este país por doquier es sectarismo y prejuicios, sí prejuicios y, sí, por doquier. Todos –la duda me incluye– nos creemos en posesión de las más absolutas verdades, de todas las virtudes y ¡ay de aquel que no se pliegue a nuestros sabios, santos, como «perfectos y libres de toda culpa», juicios! Si esta actitud es frecuente en lo individual, ya se hace general en los comportamientos tribales, grupales, partidistas. Qué frecuente es escuchar y leer más juicios de intenciones que de actos. Observo que en la interpretación de los textos, propuestas, muy frecuentemente, se obvia su contenido para entrar directa y, normalmente, a saco contra el autor o emisor de los mismos. Usuario de alguna red social, contemplo, con pasmo, cómo, obviando cualquier tipo de argumento, por pequeño o menor que sea, se pasa directamente a la descalificación, cuando no insulto, del contrario, adversario, y cómo es rebajado a la condición de enemigo.

Si la semana pasada me quejaba de los prejuicios de algunos rentistas de la patria, he decir que, entre el sector criticado y seguidores es también frecuente –bastante más de lo admisible, estimo– la identificación de un atuendo clásico –léase uso de traje, pero en especial de corbata (la pajarita es menos común)– con el latrocinio llamado de, o con, guante blanco. Convendría, en mi modesta y acotada –espacialmente se entiende– opinión que la izquierda de este país recordase estas palabras de don Carlos Marx: «la manera como se presentan las cosas (añado personas) no es la manera como son; y si las cosas (y personas) fueran como se presentan la ciencia entera sobraría». Y sin ciencia, qué sería del materialismo de vario apellido transformador de la realidad. «La imagen es un acto y no una (u otra) cosa», dejó dicho Paul Sartre. Y si los actos, los comportamientos, nos definen y los de cierta izquierda, derecha, y transversalidad, que proclaman ahora algunos, coinciden, que le quedará a servidor más que, parafraseando a Muñoz Molina, seguir cultivando su «libertad radical de conciencia, que es la base del pensamiento crítico», por más que «despierte siempre el recelo de los comisarios políticos». A lo peor, es lo mejor.

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