Si la semana pasada me quejaba de los prejuicios de algunos rentistas de la patria, he decir que, entre el sector criticado y seguidores es también frecuente –bastante más de lo admisible, estimo– la identificación de un atuendo clásico –léase uso de traje, pero en especial de corbata (la pajarita es menos común)– con el latrocinio llamado de, o con, guante blanco. Convendría, en mi modesta y acotada –espacialmente se entiende– opinión que la izquierda de este país recordase estas palabras de don Carlos Marx: «la manera como se presentan las cosas (añado personas) no es la manera como son; y si las cosas (y personas) fueran como se presentan la ciencia entera sobraría». Y sin ciencia, qué sería del materialismo de vario apellido transformador de la realidad. «La imagen es un acto y no una (u otra) cosa», dejó dicho Paul Sartre. Y si los actos, los comportamientos, nos definen y los de cierta izquierda, derecha, y transversalidad, que proclaman ahora algunos, coinciden, que le quedará a servidor más que, parafraseando a Muñoz Molina, seguir cultivando su «libertad radical de conciencia, que es la base del pensamiento crítico», por más que «despierte siempre el recelo de los comisarios políticos». A lo peor, es lo mejor.
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