Y sobrevolaron los caramelos símbolo de la dulzura que rellena los recuerdos, inconclusos ya, al paso de la cabalgata de los monarcas de Oriente. Caen en una lluvia con peso de la mano de un mago reconocido desde lo propio, como la comarca que presume de contar con él. El Mago Chalupa no cede a la edad ni a la climatología…su cita de enero no depende de nada más que de su propia ilusión y de la que comparte con un escenario real de infancia sin esquinas. Toda una historia zurcida con mimo y al detalle que deja un poso de nostalgia y lamento encontrados en el mismo recuerdo. Querido Mago Chalupa, comenzaba la misiva que más faltas de ortografía que palabras contenía. Pero no hay magia que no pueda entender lo que el corazón dice, por muchas haches intercaladas encajadas a zapatazos en el puzzle de las palabras donde no se encuentran o tildes y comas que se van por el retrete porque colocarlas distrae la premura del mensaje. Vamos, que el Mago Chalupa sabe muy bien lo que quieren esos chavalines que llevan todo un año de espera para conseguir el premio a su buen comportamiento. Yo les acompaño, sin presunciones y desde aquella carta envuelta en un círculo de ilusión que consigue hacer rebotar un tiempo que encaja menos que esas haches en las palabras que no las necesitan. Querido Mago Chalupa, retomo. No vamos a negar la mayor, el año que sale tiene un resumen feo. Como embajador que todo lo ve no le descubro, mágico ayudante de sus majestades, que en la balanza no salen los números en positivo. Hemos perdido mineros en pozos que pensábamos que se habían quedado en el poso de la historia. Se ha bajado de la vida Robe y su poesía, lo que deja el un «iros a tomar por el culo» eterno y fiel a lo que muchas veces hemos sentido en cada nota disonante de este muy bien rimado 2025. Y para colmo de bienes malos, toca la lotería y se caen las caretas de un pueblo que deja de serlo cuando llueven billetes. Triste el recado que dejan, pero real para quienes hablan de hacer piña…eso sí, colada. Bueno, y esa pintura negra estival con la que el cielo nos regó de incendios monstruosos tampoco tiene encaje más que en una barbarie que costará olvidar tal vez unos añitos más. Tenemos que salvar los muebles, Chalupa. No se puede vivir bajando un tobogán constantemente. Algún suelo habrá que tocar, digo yo, para un Bierzo mutilado que busca entre las haches intercaladas la que tenga sentido. Y no lo haya, ahya, ayha, halla. Vamos, que no lo encuentra, Chalupa. Es hora de confiar en su magia y de mirarse en esa sonrisa infantil que lo recibe cada año. Hay semilla, hay pupila, hay vástagos y secuencia. Hay futuro, desde el pasado, porque siempre hay una hache intercalada que colocar en algún sitio donde, calladita, sepa decirnos que tiene sentido, aunque no sea su lugar, ni su tiempo, pero que no tiene prisa ni miedo. Que sabe esperar.
La ‘h’ intercalada
06/01/2026
Actualizado a
06/01/2026
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