10/01/2026
 Actualizado a 10/01/2026
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Viejo chiste para encabezar. Dos amigos: «Estoy pensando en ir al gimnasio, como el año pasado / ¿Que ya fuiste? / No, que también lo pensé». Puesto que en enero todo son planes con un año por delante para incumplirlos, uno se había planteado apuntarse al gimnasio, más que nada por ver qué se cuece allí.

Más en serio, hay otras razones que lo justifican. Estamos en León, en meses de mal tiempo es chungo el deporte al aire libre, aunque esa fuese la opción preferida, por menos insana, más divertida, competir con amigos en el tenis o en el fútbol, salir en bici, esas cosas. Pero hay que ser realistas, se hace hasta arriesgado practicar deporte a dos bajo cero. De forma que hay que buscar plan B y pasar por el aro de un código QR si quieres cumplir tu sueño, aunque no sea nada húmedo sino más bien el sueño ajado de la madurez tardía (soñar es gratis y los sueños insondables, atrevidos: uno soñó con la tableta de Nico Willians, los tríceps de Cacho el chico meteorólogo, quizá los aductores de Traoré; y ¿qué?, pues cuanto más lindos los deseos, más decepción; las expectativas han de ser normalitas, nada de aspirar a que tus musculitos sirvan de regalo para las pestañas de tu vecina de cinta o ligar con esa de las mallas; no insistas).

Entonces, quedamos en que la idea estaba medianamente justificada. Manos a la obra, busqué y encontré, pero (adverbio a mitad del texto, mal asunto)… pero tuve que descartarlo pues lo que me ofrecían en un gym leonés eran las actividades siguientes en inglés: power, crosswod, burn, hybridwod, mind, fight y gap. Y luego, ya por fin, zumba o pilates, que sí sabía pronunciar antes de ir por allí. Total, que pedí explicaciones en san/google a todas esas incógnitas, hallé definiciones, tutoriales, vídeos de clases sincronizadas, bailes y posturas más inverosímiles que las del kamasutra… y claro, tiré la toalla antes de tiempo. Not english, not fitness. Me dije, si al deterioro físico que trato de paliar tengo que añadir el desgaste cognitivo e idiomático de descifrar en qué consisten esos entrenamientos, no interesa; tengo menos chance que Isabel Forner en una rave (inglés). Deja, deja, a ver si acabo tomando esos batidos energéticos ‘del día después’ y tan acartonado como los del pressing catch (más inglés). Casi mejor salir a correr andando, como Eme punto Rajoy.

Así pues, seguiré pensando en ir; sólo pensando, como en años anteriores. Hasta que cuando me decida y por fin vaya convencido a inscribirme y practicar, tenga que desistir de nuevo porque no sea capaz de subir los tres escalones de la entrada. 

Rendido, antes de empezar. Fracaso por lo que sea: unas veces por el idioma, otras por la edad; mierda de mundo global, mierda de vejez personal. Pero, ¿fracaso absoluto? ¿perseguir el mismo cuerpo glorioso que cuando jóvenes? Pues tampoco; conviene aceptar sin dramatismo algunas pérdidas y tenemos derecho a elegir nuestra forma de decadencia. Cuanto antes lo asumamos, mejor: físicamente, para algunos carcamales con barriga la cuesta de enero nos va a durar ya toda la vida.

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