14/03/2026
 Actualizado a 14/03/2026
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En plena jornada de reflexión les escribo como mera observadora y aunque deseo lo mejor para Castilla y para León, sigan unidas o se separen en algún momento, quien escribe esta columna irá a votar porque es su deber y su derecho, si no luego no se sentiría legitimada para hacer visible opinión o pensamiento crítico, pero por primera vez no votaré lo menos malo, sobre todo porque no tengo claro si otra alternativa podría ser peor. Y aún sin sentirme representada por ningún partido, slogan o siglas, hay opciones en blanco con las que me identifico.

Parece predecible lo que ocurrirá mañana en nuestra comunidad, a tenor de encuestas, tendencias y otras experiencias recientes, pero, aunque hubiera sorpresas, mi sensación es «nada nuevo bajo el sol». 

Más preocupante parece la situación geopolítica mundial y nuestro posicionamiento en ella, si es que pudiera ser relevante, que no está claro. Pero en todo conflicto hay que posicionarse y querríamos estar, como dicen ahora muchos, en el lado correcto de la historia. Y ese lugar, ¿dónde está?

Nadie quiere batallar. Por eso el presidente ha vuelto a desempolvar ese «No a la guerra» tan de Miss Universo y muy generoso en intención de voto, según nuestra memoria corrobora si nos remitimos al episodio de las Azores. Entonces era algo muy evidente, involucrarnos no tenía sentido. 

Ahora todo es distinto, porque el mundo entero está cambiando, y si no tienes aliados o si cambias de compañeros de juego, es muy bonito decir que no quieres guerra, pero, ¿qué harás si en un futuro próximo te invaden parte de tu territorio sur? ¿Tendrás aliados que te ayuden y defiendan?

Lo más triste es que se acaba con la capacidad bélica de países potencialmente peligrosos por su armamento nuclear, pero tras las bombas, no estamos haciendo lo suficiente para liberar a pueblos realmente oprimidos. Como siempre, la vida no es lo que importa, sino el petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz. 

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