Contra el cinismo posmoderno, grita el silencio. Las lecturas, a veces, vienen a poner nombre a aquello que estamos sintiendo. Y eso le ha sucedido al cronista al leer ‘La anatomía de la esperanza’ del profesor Francisco Torralba. Había tenido el libro en sus manos varias veces en la Librería El recó del Llibre, de su amigo Enric (en Rubí), pero no se decidió a comprarlo hasta que no le escuchó al Presidente Illa decir que lo estaba leyendo.
Lo que estaba sintiendo entonces el cronista era el vacío sustancial de todo interés por las cosas de la vida, cosa que atribuía al deterioro mental que van sufriendo los ancianos. Aunque, a decir verdad, este sentimiento lo ha tenido siempre. Desde los tiempos leoneses de Claraboya, cuando el «No amanece» y todo aquello. Esa actitud le ha llevado a guardar silencio ante todo tipo de situaciones que, a su entender, merecían de sobra el rechazo colectivo que no se producía. Y pensaba: «seré yo, que soy un exigente» Pero, no conforme, elaboró una frase que ha ido escribiendo y repitiendo, y que dice: «Callar es decirlo todo».
Luego escuchaba ‘Los sonidos del silencio’ y se fue dando cuenta de que, a veces, estos eran verdaderos gritos: como el del famoso cuadro de Munch. Pero como la vida (que por entonces ya iba en serio como dijo el poeta) se fue complicando y surgieron elementos nuevos, personajes nuevos, situaciones nuevas, comenzó a dudar si no haría falta, para resituarse, estudiarlo todo un poco más. Y eso es lo que hace el profesor Torralba cuando habla del «cinismo posmoderno».
En la página 62 parece hacer un retrato de nuestro presidente del gobierno de España. Y, al leerlo, el cronista se ha sentido aliviado. No era él solo quien lo veía así. Ese relato del progresismo moderno, que parecía menospreciar a quienes no pensábamos así, resulta que era cinismo, un cinismo auténtico. Un cinismo posmoderno. Así parece que lo califican algunos como, «la victoria póstuma de Maquiavelo». De esta raza de personas, o personajes, dice: «Si el cínico tiene que inventar un discurso político, social, o religioso supuestamente liberador, lo hará con la única finalidad de mantener sus cuotas de poder. Sabe hacer comedia. Es un gran intérprete»
Reconfortado por no sentirse un raro y un inepto, se vuelve a agarrar a sus eterno dicho: Callar es decirlo todo. Y, como la pauta de su vida ha sido la de pasar por ella sin el menor ruido (léase su: ‘Pilillas pequeñas’ de hace poco tiempo en este mismo medio,. Pues eso: que todo queda aclarado. Esperemos.