Cuando diferentes partidos tratan de negociar, en orden a gobernar o para aprobar alguna ley, se habla de líneas rojas, es decir, de límites que no se está dispuesto a traspasar. Entre las que deberían tenerse en cuenta, creemos que es fundamental pensar en aquellas que afectan a la dignidad de las personas y a los derechos humanos, muy especialmente el derecho a la vida. Hoy quisiera fijarme precisamente en el derecho a la vida de los seres humanos indefensos que están en el seno de la madre, por mucho que en nombre de un falso progresismo se quiera blindar, incluso constitucionalmente, el derecho de la madre a asesinar a su propio hijo. Esa es la obsesión del gobierno actual y especialmente de la Ministra de Sanidad, que quiere meter en una lista negra a los médicos conscientes de que su misión es salvar vidas y no destruirlas. Defender la vida de estos seres humanos tan preciosos y tan vulnerables no es cuestión de ser de derecha ni de izquierda, sino de la ética más elemental.
En más de una ocasión he abordado este tema. Una vez llegó a mis oídos el comentario despectivo de un conocido leonés del Partido Popular, calificándome de extremista. Son muchos los políticos del Partido Popular, comenzando por su principal líder, que defienden abiertamente, sin inmutarse, el derecho a lo que ellos llaman la interrupción voluntaria del embarazo y los de la izquierda llaman derecho a la salud reproductiva. No dejan de ser eufemismos que encubren la crueldad de la destrucción de un niño en un lugar que debería ser totalmente seguro como es el vientre materno. En el mencionado artículo me dirigía a un importante político que tiene un solo hijo. Y le preguntaba a ver qué importancia tenía para él cuando su compañera le dijo que estaba embarazada. Si lo hubieran destruido mediante el aborto a los pocos días de su concepción, ¿a quién habrían eliminado? ¿Acaso no era el mismo niño que vio la luz unos pocos meses después? ¿Los hijos de otros padres y madres no tienen el mismo derecho a nacer?
El día que Rajoy eliminó de un plumazo la ley “menos mala” que había diseñado Ruiz Gallardón mucha gente dejó de votar a su partido. Esta sí que debería ser para todos una línea roja, marcada con sangre inocente. Soy consciente que muchos políticos no tienen ni la valentía, ni la calidad ética o moral, ni la lucidez mental para abordar adecuadamente esta cuestión. Lo que deberían hacer es ayudar a las madres a salir adelante y dejar que se les informe de la crueldad, irreversible, de lo que van a hacer.