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El gran ególatra

28/06/2026
 Actualizado a 28/06/2026
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Allá por diciembre de 2015 , Pedro Sánchez, también conocido por el sobrenombre de ‘el amo’, le espetó a Rajoy (se lo dijo sin remilgos, con un desparpajo inusual) que era una persona indecente. Fue en un debate, cara a cara, ofrecido por televisión y que la mayoría de la gente, sin duda, recuerda, por lo que sobran mayores detalles. Sánchez, que ya por entonces se comportaba como un león enjaulado y de afiladas zarpas, no le ponía límites a sus lenguaraces manifestaciones, a su forma de entender la política con tal de conseguir los objetivos soñados. Albergaba la misma obsesión por ser presidente del Gobierno, como ahora la tiene, aunque multiplicada, contra Ayuso y la Comunidad de Madrid, su gran objeto de deseo por el momento inalcanzable, según los últimos sondeos, excluyendo el del CIS, que continúa erre que erre abrigando al PSOE.   

Sánchez basó lo de la indecencia del líder del Partido Popular en un mensaje del propio Rajoy, donde alentaba a Bárcenas, el tesorero pringado de Génova 13, a aguantar lo que se le venía encima por los tejemanejes y enredos con las cuentas de la formación. “Luis, sé fuerte”, le escribió. Y eso, la frase, dio pie al hoy ‘amo’ a que se le llenara la boca de espumarajos y mala leche. Rajoy tenía que dimitir. Y la turra de la renuncia del gallego y registrador de la propiedad se esparció por algunos medios de comunicación, cual abono en tierra inculta. Eso sí, no tendría consecuencias a corto plazo. La tuvo algo después, en 2018, con la moción de censura.  Han pasado los años y lo que Sánchez denunciaba del PP hace algo más de diez, le ha salido respondón y con espinas. Hoy, y aplicando la misma vara de medir de la que el sujeto alardeó gozoso, el indecente es él. Y con todas las consecuencias civiles y criminales, que diría el mítico Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza. O zapatones, que le gustaba más. Un indecente de libro. Pero, claro, como con su infinita soberbia se siente al margen -o por encima, incluso- del bien y del mal, no se va de La Moncloa ni con agua hirviendo. Ni a cañonazos. Cualquiera, con un mínimo de decoro y sentido de Estado, ya habría preparado las maletas y pedido el taxi a la parada más próxima a Puerta de Hierro.Rechina que este individuo y antiguo baloncestista ‘estudiantil’ tenga en el talego a gente tan cercana como Ábalos, su mano derecha en el Consejo de Ministros y en el partido. Como de igual forma chirría lo de Cerdán, que también estuvo enrejado y, parece, que juega todas las papeletas del reingreso en el ‘maco’ (Pablo Barrigón, recordado bodeguero vallisoletano, transmutaba cárcel por escuela, cuando le preguntaban por algún conocido que se hallaba preso). Pues bien, estos dos casos serían suficientes para que tuviera la gallardía de irse (dixit Lola Flores). Si a ello se le añade, además, la imputación de su mujer (“¡Yo con Begoña!”, voceaba el ‘ínclito’ Patxi López, pasado de vueltas el último miércoles en el Congreso de los Diputados), y la posible sentencia condenatoria de su hermano, el músico y director, el asunto no deja lugar a las conjeturas. Conclusión: pírese de una vez, ‘amo’.
 

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