Cristina Vega 2

El gran circo

20/10/2026
 Actualizado a 20/10/2026
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Estamos viviendo un momento tan delicado como decisivo por muchas razones. En España asistimos a la carrera de los diferentes políticos por llegar los primeros, no para solucionar los problemas reales de la gente, sino para lavar y blanquear su imagen de cara al 29N a golpe de ideas, proyectos y buenos propósitos.

Este comportamiento ya está tan manido que de manera automática desconectamos.

Ante la falta de seriedad, las contradicciones entre los dichos y los hechos, pasamos por la campaña del mismo modo que por una feria o un mercado, haciendo oídos sordos a los gritos procedentes de cada puesto que ofrecen su mercancía «buena, bonita y barata».

Chollos en los que casi nadie cree, la confianza en la clase política se ha ido perdiendo hasta alcanzar niveles mínimos. Esta pérdida no entiende de siglas ni de fronteras, es generalizada, para todos los partidos, a nivel nacional e internacional.

El descontento de la población se convierte en una olla a presión. Si se llena demasiado o si se impide la salida del vapor es probable que acabe estallando.

Puede que esta sea una de las razones que han llevado a esta ola de protestas, disturbios y vandalismo que recorre Francia y que amenaza con extenderse por el resto de Europa.

No hay nada que justifique la violencia de ningún tipo, por supuesto. Incendios, destrucción del patrimonio, saqueos…

Sin embargo, la indignación, la desesperación arden muy fácilmente al saltar una chispa, por pequeña que sea.

Lo de Francia podría ser un síntoma de este malestar que comparten los ciudadanos de muchos países, una especie de advertencia. Según el refrán popular, cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.

Los políticos deberían dejar de representar funciones circenses para intentar recuperar esa credibilidad que se halla a la altura del betún. Demostrar formación e interés por el bienestar común, no solo propio.

Porque cuando un payaso se muda a un palacio, no se convierte en rey. El palacio se convierte en un circo.
 

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