Nacho Barrio

‘Go home castellanos’

06/03/2026
 Actualizado a 06/03/2026
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Lo suyo en este punto sería presentarse. El otro día hice diez años viviendo entre cazurros. Tirando de la del cuñado, ‘se dice pronto’, ‘parece que fue ayer’, ‘este vaso tiene agujero, cámbiemelo’, etcétera. Llegué sin guitarra bajo el brazo, pero con la maleta cargada de sueños a un piso del Ejido, donde pude dejarla un tiempo con paso previo por pensión. Un día les cuento esa. 

Y sí, conocía León de antes, como le dije aquel enero de 2016 a Javi Calvo, principalmente por haber venido de noche. Tenía 28 años y el recurso me pareció ingenioso como para soltarlo en una entrevista de trabajo. Mentira no era. Al bueno de Carras, amigo de la cuadrilla segoviana, le dio por venir hasta aquí para estudiar Ambientales y a todos nos pareció una magnífica excusa para conocer sitios que ya no existen o existen menos. Ni siquiera está ya la residencia en la que comenzó a vivir lejos de casa. Aún recuerdo cómo nos movíamos por el Gepetto, el Alegoría, Signatura… La ración de nostalgia. Por supuesto todo era alegría, canciones y ligar más bien poco. Negaré ante un juez que alguna vez nos diera por beber antes de los garitos en la bolera que está junto a Minas. Estoy casi seguro de que la causa ha prescrito. Fíjese si ha llovido que hasta el Feve llegaba a Padre Isla. Increíble. 

El tema es que hace un mes caí en la cuenta de esta década pasada, que va de la mano de mi condición de emigrante. Una condición curiosa, como suele decirme mi tío Vicente, que es el de Segovia en Vitoria y el vasco cuando vuelve al pueblo. 

Y es que pasan los años. Nueve cumplió el martes ‘Otros principios fundamentales’, uno de los mejores discos de Viva Suecia. Dentro está ‘El Nudo y la esperanza’, una canción que me atraviesa con cada escucha. «Te has ido y todos han prosperado, también hay quien te ha echado en falta». Ese trago también entra en la maleta pero se queda a vivir contigo y no hay manera de subirlo al altillo cuando empieza a hacer calor. La vida sigue en lo que fue hogar, aunque uno ya no esté allí a diario y vaya solo cuando quiere el calendario.

Para mí, se lo confieso, León ya es casa. También lo es aquella pintada mítica de ‘Go Home Castellanos’ que aún resiste en Juan de Badajoz y que sirvió de bienvenida en aquel 2016. Diez años después, ya les digo que no era tan fiero el León como lo pintaban, aunque fuera en un grafiti.

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