Desde un punto de vista holístico, la forma de comunicarnos ha evolucionado mucho desde métodos primitivos, como señales de humo, palomas mensajeras o el silbo gomero, hasta la realidad tecnológica de hoy.
En Abelgas, llamar por teléfono desde casa de la tía Salvadora era toda una odisea. El «rito» lo iniciaba Angelines dándole vueltas a la manivela de baquelita negra, sobre caja de madera oscura e iniciales C.T.N.E., a la que contestaba Camilo desde Sena de Luna, quien a su vez pedía a Canales que marcara el número: tres operadores para una llamada.
Pero la generación Alfa no llama, es que no escribe ni ‘correos-e’, y además «juega» con la ortografía… Debe ser que «la regla es la pereza».
Los jóvenes utilizan, sobre todo, las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea lo que hace que el lenguaje sea más rápido, pero podría ser que menos cuidado. Es común ver abreviaciones como «q» en lugar de «que» o «xq» sustituto de «porque», algo que simplifica la escritura, si bien podría «castrar» el idioma.
Además, el uso de emoticonos y memes se ha vuelto básico para transmitir emociones o ideas sin necesidad de escribir demasiado. Es que, para ellos, una imagen o un emoji dice más que un párrafo completo. Sin embargo, esto también puede causar malentendidos, ya que no todos dilucidamos los símbolos de la misma manera.
Otro aspecto importante es la inmediatez, ya que los jóvenes esperan respuestas rápidas y tienden a escribir sin pensar demasiado en la ortografía o la gramática. Esto provoca una comunicación más espontánea, que podría contener errores, a la vez que, con el tiempo, podría afectar a la forma en la que escriban en contextos más formales.
Es un cambio natural adaptado a las nuevas tecnologías, aunque no estaría de más prestar un poco –solo un poco– de atención a cómo escribimos.
Lo importante… ¡es que ellos así se entienden! Salud.