Por callarme del triunfalismo de Pedro Sánchez y el sentido del humor de Núñez Feijóo, me fui a dar unos garbeos por la ciudad. ¿Quién me mandaría?, con lo bien que se está quieto y sentado en una terraza sombreada, enfrascado en lecturas, las propias cavilaciones o el mero ojeo de la ciudadanía.
Y lo lamento, pero esta ciudad se está volviendo malamente shakesperiana. Recuerda la Dinamarca de Hamlet donde algo, como aquí en muchas calles y lugares, huele a podrido. Me pregunto cada cuánto se lavarán, bien, no un agua ‘quitalegañas’, los contenedores de varia recogida y reciclaje, todos de comodísimo uso, sobre todo, por las personas mayores que yo, que ya suelto aleluyas verbales cada vez que piso una palanca desvencijada que apenas abre la boca del dragón verde de residuos orgánicos, a la par ambientador infecto, o me enfrento a las bocas, ¿de diseño?, por las que apenas entra una bolsa de plásticos y latas o es casi imposible abocarla al papelero si va llena de lo propio y solo se pretende vaciar. Del vidrio, mejor ni hablar, con sus horarios depende dónde, cuándo y cómo. ¿Y las papeleras? ¿Se habrá desorbitado su precio? ¿O será que lo que se vendió como urbanidad y ornato, y más si dio foto chula, se ha dejado devenir en punto sucio con tendencia a asqueroso?
¿Y los bancos? ¡Tranquilidad!, no caiga el Ibex 35 ni se altere el sistema financiero español, que me refiero a esos «asientos, con respaldo o sin él, en que pueden sentarse dos o más personas» que adornan algunas calles, plazas y parques de la ciudad. Me pregunto si esos graníticos bloques disuasorios tienen tal consideración o dada la climatología más bien extrema de la ciudad estarán inventariados por el ayuntamiento como piezas artísticas alegóricas, según estación, a la cistitis (invierno) y a la almorrana, en fino, hemorroide (en verano). ¿Algún regidor o edil de cualquier tendencia y pendencia se habrá sentado en alguno de ellos para algo más que fotografiarse o, de hacerlo, habrá sido capaz de, en él, pensar por más de cinco minutos si son acierto o son error? Más nada, que los munícipes somos la mayoría de una juventud y lozanía digna de encomio y fuente de envidia del resto del solar patrio. ¿Quién se atreve a decir ciudad de viejos, quién de ancianos? ¿Y la limpieza de los de madera? Cuánto que mejorar… ¡Todos!
Por lo demás, todo bien, todo normal: uno acaba y le da miedo poner título; siguen las guerras allá y acullá, sigue el genocidio en Gaza y sigue el tramposo de Trump.
¡Salud!, y buena semana hagamos… ¡Y tengamos!