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Ganar y perder

24/05/2026
 Actualizado a 24/05/2026
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Si el ‘caso Zapatero’ hubiese saltado a la opinión pública fechas antes de las elecciones andaluzas, otro gallo habría cantado en el recuento final de las urnas. Resulta incontrovertible. Sin embargo, con buen criterio y sentido común por parte del magistrado actuante, no fue así. Evitó la rumorología. Primó la contención y, con ello, la posibilidad de meterse en jardines innecesarios y escenarios abruptos. Por mejor expresarlo, de impedir el señalamiento a la judicatura con gruesos y destartalados trazos. La prudencia, y más si se sustancian cuestiones de tanto calado, es la mejor consejera. 

Ahora bien, si hubiese sido al contrario, de haber saltado a los medios de comunicación –al conocimiento de la gente– la prospección del posible escándalo en el que se ve inmerso el expresidente del Gobierno, eso de la ‘fachosfera’ se repetiría de forma machacona y menesterosa, como el estribillo huérfano de una pésima canción. Y la imparcialidad de los togados, naturalmente, se hubiera puesto en entredicho por la cara, cual munición pesada utilizada por las izquierdas. Al fin y al cabo, la misma martingala, toqueteada y vejada, en sesión continua. Como en los antiguos cines de barrio.

Por otra parte es indiscutible, que en todos los órdenes de la vida unas veces se gana y otras se pierde. Es de Perogrullo. Y no hay más, oiga, que diría Goyo ‘el Salchichas’, extinto industrial cárnico de la calle de la Rúa. En política, por el contrario, no; eso no existe. Siempre se gana. Ocurra lo que ocurra y salga el sol por donde salga. La prueba más palpable han sido las recientes elecciones celebradas en la tierra de María Santísima, donde a todas las fuerzas que han obtenido representación en el Parlamento de Sevilla, les ha tocado la lotería. A algunos, eso sí, la pedrea o la terminación. 

Y en este sentido es de vergüenza ajena las declaraciones que desde el PSOE se han elevado a públicas, una vez conocidos los resultados. Las voceras ‘sanchistas’ Montserrat Mínguez –adjunta a Patxi López en el Congreso de los Diputados (vaya tela)– y Rebeca Torró, recambio del ‘figura’ de Santos Cerdán, son el paradigma. Ni una palabra de autocrítica. Ni un rictus de contrariedad. Ni un retortijón. Nada. Al final, vida y dulzura, esperanza nuestra y pelillos a la mar. El peor resultado socialista en la historia de Andalucía y lo celebran atacando al PP. Yo, ciego –se dirán–, pero el contrario tuerto. Qué alegría. Ese es el nivel. Y el bagaje. Comprobado está que el ‘amo’ Sánchez tiene acojonado al personal y que quien se mueva y le critique, ya sabe.

Y en cuanto a las palabras de la ‘fenómena’ y pluriteñida ‘líderesa’ Yolanda Díaz, esa que amaga con dejar la actividad política para recalar en nadie sabe dónde, de risa. Solo pensar que España está en manos de personajes tan indocumentados y estériles, produce desazón. Y es que para toda esa ‘banda’ formada por varias tribus disfrazadas de progresía, los españoles son tontos y no saben votar. Y hasta les riñen e, incluso, insultan. Los mismos ‘tontos’ –anótenlo de una vez– que les han mandado a hacer puñetas. Amén. 

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