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Gamoneda. 95 años de un poeta

08/06/2026
 Actualizado a 08/06/2026
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Diez años mayor que los de Claraboya, Antonio Gamoneda era, en los años sesenta, el poeta leonés por antonomasia, el nacido y criado para eso, el designado por los dioses para darle a la palabra todo el tempero necesario para abrirse camino en los corazones de los hombres, aunque una mayoría silenciosa y poco lectora poco o nada proclive se mostrara hacia ese divino arte de la palabra como una flecha invisible lanzada a los corazones como un ardor invisible.

Eran otros tiempos. ¿O eran como estos? Tal vez no resulte extraño que uno de sus tres libros inéditos, se titule ‘Cancionero de la indiferencia’ Y él, que desde niño dedicó sus esfuerzos a conseguir «una más alta vida» aprendiendo a leer en el libro de su difunto padre con este título, a estas alturas ya debe haber concluido todo su esfuerzo por llegar a ese «no saber, sabiendo» que siempre declaró a los íntimos como meta de su vida.

Desde su primer libro: ‘Sublevación inmóvil’ (1959) al que siguieron, entre otros: ‘Descripción de la mentira’, ‘Lápidas’, ‘Libro del frío’ y ‘Esta luz’, le llega la concesión del Premio Cervantes, que le consagra como uno de los literatos más excelsos.

Y ahora, la cumplir los 95 años, que sepa que «los de Claraboya» siempre lo tuvimos como nuestro principal aliado y referente. Lo sabe bien. Y así ha correspondido con nosotros por todos los medios y en todos los momentos.

Su «no saber, sabiendo» ha sido para nosotros (que presumíamos de leer a Virgilio en latín y a Homero en griego), toda una brújula para orientarnos hacia Antonio Machado y los demás faros que, en la oscuridad de entonces, nos sirvieron de guía en el proceloso camino poético.

Ya en la primavera de 1964, en el Nº 4 de la revista Claraboya, los ‘claraboyos’ nos vemos acompañados por ‘el maestro’ Gamoneda que nos regala dos joyas, una de ‘Textos sobre poesía’ y otra de ‘Blues castellano’. En el primero dice: «Por el canto, el poema / valen, en estos casos / como aquello que hace / un hombre  que se hunde / pero aún es capaz / de apresar vuestra mano / con una extraña fuerza». Y en el segundo es aquel de: «Va a hacer diecinueve años / que trabajo para un amo. / Hace diecinueve años que me da la comida / y todavía no he visto su rostro».

Desde entonces nunca dejamos de admirar al maestro en todas sus facetas. Y hoy le felicitamos por haber llegado tan lejos, tan bien, y sólo. Sólo, con su «no saber sabiendo».

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