Días atrás se me ocurrió asistir a una charla coloquio del almirante Rodríguez Garat, autor del libro Tambores de Guerra. Salí de la sala un tanto mosca, más preocupado de lo que entré. Creo ser consciente del complejo momento que vive la geopolítica internacional, con actores principales definidos: Trump, Putin y Xi Jinping, los tres tenores del des-concierto planetario actual. Por supuesto, Europa no está y veremos si se la espera. Y mejor dejar a un lado a los secundarios aspirantes al Óscar de reparto: Kim Jong-Un, Netanyahu, Aziz Al Saud, Erdogan, Maduro, Lukashenko, Jameneí, etc.
Mientras contaba verdades como puños, el ex militar, que participó en delicados conflictos de guerra con la OTAN, sonreía a pesar de los oscuros augurios que iba poniendo encima de la mesa.
“Pues si él sonríe, no seré yo quien entre en el túnel del desasosiego”, me dije. “Que les den, estamos en verano…”, comentaba un asistente refiriéndose al trío calavera.
Así que dejando para septiembre las preocupaciones más severas, me he metido de lleno en el estío. Paso de la corrupción de Cerdán, del CV de Noelia Núñez, del ministro Puente cuando sentencia que el alcalde de León “no sirve para Ferraz”, del regreso a la política de Silvia Clemente y hasta del catalán en Europa. En las próximas semanas me dedicaré a ahondar en cuestiones, tan trascendentes, como el por qué ahora se publica un estudio que señala que ya no es necesario caminar 10.000 pasos diarios para ejercer una vida saludable, con 7.000 es suficiente.
Galbana me produce, en estas fechas, la vida política porque me siento atraído por practicar algo de deporte antes de echarme en manos de la tentadora gastronomía patria, intentado dar algún paseo y posterior chapuzón en alguna playa, río o piscina para después recuperar con el aperitivo adecuado.
Las fiestas y verbenas de ciudades y pueblos requieren mi máxima entrega.Carpe Diem.