Toda persona medianamente responsable no puede ser indiferente ante la situación social, política, económica… de su nación. España está viviendo una situación bastante preocupante. No aparece claro el futuro. Algo tan normal como disfrutar de una vivienda, tener un trabajo justamente remunerado o una digna jubilación, parece una ilusión inalcanzable para muchos jóvenes y no tan jóvenes. Resulta casi unánime el convencimiento de que el actual Presidente del Gobierno de España es un verdadero peligro tanto para la nación como para su propio partido. Ya no se atreve a salir a la calle, porque eso significa exponerse a un chaparrón de insultos. No se debe insultar a nadie, pero se lo ha ganado a pulso. Aunque las siglas sean las mismas, “su” partido ya no es el de Felipe González, ni el de Alfonso Guerra, ni el de Solchaga, Almunia, Nicolás Redondo, Francisco Vázquez, Javier Lamban y un sinfín de socialistas, muchos de ellos alcaldes y exalcaldes, cuya trayectoria nada tiene que ver con la de Sánchez ni con la de Zapatero, que tanto daño han hecho y están haciendo a España.
Se entiende que las elecciones autonómicas de Aragón se miren en clave nacional, confiando en que podría tratarse de un anticipo de lo que pueda ocurrir en las generales de 2027. Si se nos permite pensar en voz alta, he aquí nuestra opinión personal. El PSOE, que aún sigue teniendo muchos escaños, debe su descalabro a no haber sabido liberarse de la desastrosa gestión de Sánchez, cuya principal preocupación es vivir en la Moncloa. El PP ha ganado, pero no puede sentirse plenamente satisfecho. Ellos mismos son los responsables de haber engendrado a VOX, su piedra en el zapato, por no haber sabido desentenderse de determinadas influencias negativas de la izquierda. Es una invitación a la humildad y al diálogo. VOX tiene la suerte de no haberse quemado gobernando y de recibir el voto de los cabreados, que son muchos, pero “no es lo mismo predicar que dar trigo”. También tiene que ser humilde y dialogante, pues, por mucho que haya subido, no es el ganador, ni ha de ser su obsesión desbancar al ganador, cayendo en el populismo tan de moda. El hecho de haber roto relaciones con el PP en los gobiernos de coalición autonómicos no es un buen precedente.
Parece que el pueblo ha manifestado claramente la necesidad de un cambio, pero no para servirse del poder, sino para servir a la sociedad. El tiempo dirá si los elegidos están a la altura o caen en lo mismo que critican en quienes no han sabido gestionar.