15/06/2025
 Actualizado a 15/06/2025
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En la final del torneo europeo de fútbol de la Liga de las Naciones, celebrado el domingo pasado en Múnich entre los dos países ibéricos, Portugal se impuso a España en la tanda de penaltis, después de un partido de suma igualdad tras 130 minutos de espléndido juego. El hecho cercioraba que ambos equipos, no solo militan a la cabeza del balompié europeo, sino mundial. Circunstancia profesional es que el entrenador de los lusitanos, Roberto Martínez, no sea portugués, sino español.

La disputa del balón invita a entreabrir de pasada la puerta del Iberismo, un movimiento político que defendía aunar España y Portugal, originalmente promovido sin éxito por movimientos republicanos y socialistas del siglo XIX, hoy impulso ya arrumbado en el desván de los recuerdos, máxime cuando ambos países forman parte de una unidad superior, la Unión Europea.
 

Hablar, pues, de iberismo, no promueve ya nostalgias de “unidad de destino peninsular”, que tuvo su efectividad forzada militarmente entre 1580 y 1640. Para la mayoría de los portugueses y portuguesas hablar hoy de iberismo es algo así como es ir contra todo lo que aprendieron en la escuela. Se dice y se aprende en Portugal que España es/era el enemigo natural por antonomasia, y que solo gracias a la unión y el esfuerzo de toda la nación se consiguió la libertad deseada. “Somos independientes porque lo hemos querido ser”, dejó escrito el gran ensayista portugués António Sérgio.  La cosa viene de muy atrás. Como dice un dicho popular medieval al otro lado de la raya: “De Castela nem bom vento nem bom casamento”. Y, hoy por hoy, hablar de fusión ibérica —exceptuando numerosos matrimonios mixtos— no tiene ya ningún sentido, ni en España ni en Portugal. Ni tampoco que abunden quienes opinan que los portugueses tienen más que ver con franceses, italianos y hasta ingleses que con españoles.

Recomiendo a este respecto la lectura de libros de historia salidos de las más brillantes mentes portuguesas. Por ejemplo, afirma Armando Girão, en «Geografia Física de Portugal», que las regiones portuguesas difieren más entre sí que comparativamente con las regiones españolas a que directamente se ligan. Nadie duda que un portugués del Norte tiene más relación con un gallego que con un habitante del Algarve, región del extremo sur de Portugal. Por su parte, el eminente historiador portugués José Mattoso concluyó, de forma categórica, que Portugal fue una construcción del hombre, no de la naturaleza. 

Una gran sorpresa para muchos portugueses es que al otro lado de la frontera también se reivindique a Viriato, líder de la Lusitania, como héroe propio. Véase, como ejemplo, su estatua en el centro de Zamora. De hecho, como afirma Mattoso, “los portucalenses nunca fueron propiamente un pueblo o una etnia, sino los súbditos de quien gobernaba Portugal”. 

Con la llegada al poder de los fascismos en el siglo pasado —capitaneados por Franco y Oliveira Salazar, respectivamente—, y para evitar una nueva edad de las tinieblas en la península, se llegó a un acuerdo de carácter militar, amistad y no agresión con la firma del Pacto Ibérico de 1942. Más tarde, la transición democrática del Reino de España y la República Portuguesa se rubricó con el Tratado de Amistad y Colaboración de 1978, actualizado finalmente en 2021. 

Portugueses y españoles: hermanos de interacción entrañable, siempre; mas, con todos los respetos por imposición nacionalista, jamás.
 

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