A ello contribuye la Fundación Cultura Minera, que preside Manuel Lamelas Viloria –quien fuera empresario del sector– y tiene su sede en Torre del Bierzo –precisamente en donde estuvieron las oficinas de la compañía–; y que ha convertido el edificio de tres plantas en un museo que recorre la historia de la minería en el Bierzo Alto, en donde se encuentra material de todo tipo –un martillo de barrenar, lámparas, detonadores, genófonos (teléfonos para comunicarse desde el interior de la mina con el exterior)…–, además de fotografías, documentos… Mención aparte merecen los espacios dedicados a los fósiles del Carbonífero –donados por José Vicente Casado, muy conocido en ese ámbito–, a Cabo Verde –muchos fueron los llegados de este país africano, que forma un archipiélago frente a las costas de Senegal, para trabajar en las minas– o a la Brigada de Salvamento Minero del Bierzo Alto.
Próxima al museo se encuentra la antigua nave de Viloria, que alberga maquinaria de distinto tipo, así como vehículos –un autobús, un camión, coches, motos– utilizados hace décadas y que son, la verdad, llamativos.
Pero la mejor manera de hacerse una idea de cómo era el trabajo en la mina, es entrando en una… aunque sea unos metros. Y al lado mismo de la nave tienes ocasión de acceder a la llamada ‘Mina del oro’ –no falta una pequeña imagen de Santa Bárbara, la patrona–, en tiempos explotada y en donde ahora te explican las labores que se llevaban a cabo. Incluso tuve ocasión de probar un martillo y picar… durante unos segundos, no te vayas a pensar…
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