El concierto ‘Préstamo de amores’ de Isamil9 y DeGabriel fue en el Albéitar el pasado uno de febrero, empeñada ella en que ese mes con mala fama «empezara bonito». Y primera gran noticia: sala llena (aunque uno diría que Isamil se encuentra a gusto en espacios pequeños, en cercanía con su gente) público fiel, agradecido y emocionado, no se movió un alma hasta que regalaron tres bises. Segundo alegrón, más importante: Isabel vitalista, entregada como siempre pero más radiante quizá; en momentos de color, sin pesadumbre.
Hablemos un poco de Isa, de Isamil9. Leonesa, cantautora, compositora, dibujante, poeta (‘juntaletras’ y trabajadora de la cultura, gusta de auto-definirse) con una enorme vocación creadora, una sensación inequívoca de artista total. Cualquiera que intente seguir sus pasos verá que es de una actividad abrumadora, que no se explica de qué entidad, de qué naturaleza procede. Ella, tan frágil y tan fuerte a la vez, como dice de sus abuelas en la emotiva canción que ha compuesto. Escuchando su suave voz coloquial nadie diría que pueda luego convertirse, cuando canta, en voz clara y potente, tan bonita cuando versiona y mejora canciones de otros intérpretes. Y los poemas que compone Isamil parecen escritos a corazón abierto, con el alma en la mano, si ello es posible. ¡Tanto sentimiento destilan! En ellos, en su repertorio y en todos sus conciertos, están los temas y las palabras que siempre van con ella: la memoria, los recuerdos, la tierra, las raíces, el amor, la paz, su familia, sus afectos… valores que la acompañan, pegados a su ser. Y todas las heridas, a la luz. Mención aparte merece su fetiche, la inspiración, su santo poeta del pueblo Miguel Hernández en su altar personal, tan predominante que la llevó casi a conculcar (ya se puede decir) el confinamiento para un homenaje en Orihuela. No cabe más veneración.
Isamil es todo sentimiento y es infatigable lucha. El elogio suele ser desmedido; en este perfil, no. Pocos aquí pueden compararse en su batalla, su protesta contra cualquier injusticia. Su valiente condena. Su compromiso. Allí donde haya una vindicación digna, estarán su guitarra y su voz; podríamos acudir a los cuatro últimos versos que escribió SU poeta: «Soy una ventana abierta que escucha / por donde ver tenebrosa la vida / Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida».
En el mismo mes de febrero todavía tuvo tiempo y fortaleza para dos o tres conciertos más en Madrid, en el Ateneo de Vallecas y en la sala Almudena Grandes de Aravaca. En marzo sigue, incansable, con varios actos músico-literarios en la provincia; esas dos artes siempre unidas. Cualquier acto en el que participe, sola o en compañía de otros, será una muestra de su valía humana y artística, muy por encima de la mayoría de los ‘bluf’ televisivos que nos castigan a menudo. Busquen sus conciertos y vayan; no es una recomendación, es una orden.