06/04/2026
 Actualizado a 06/04/2026
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En la puerta del Parador de San Marcos escuché en cierta ocasión a una pareja andaluza comentar que “los leoneses al frío le llaman fresco”. Serían sobre las nueve de la mañana de uno esos días soleados de primavera. Salían abrigados hasta las orejas y, la verdad, estaba fresco. Imagino que a la hora del aperitivo se encontrarían mucho más a gusto en cualquier soleada terraza de la ciudad.

También me acuerdo de aquel niño que iba caminando a la escuela con una cuarta o más de nieve. Eran tiempos de sabañones y el cole no cerraba aunque cayeran copos como si no hubiera mañana. Salvo gripazo imponente o similar, había que ir al colegio sí o sí. La opción contraria eran las inyecciones a cargo del practicante de turno. ¡Con aquellas agujas! Y cómo olvidar esas gélidas noches de junio en plenas fiestas de San Juan y San Pedro.

Con el manido cambio climático, la meteorología es más cálida y más extrema. En los últimos años el tiempo mantiene un comportamiento cada vez más raro. Suele ser una conversación recurrente, parece que hace menos frío que antaño, en la capital apenas nieva, en San Isidro y Leitariegos los aficionados casi no han podido esquiar algún año… Sin embargo, en estos primeros meses de 2026 parece que hemos recuperado la desaparecida normalidad. Lluvia y frío, nieve abundante en la montaña y una Semana Santa de severos contrastes térmicos.

Aconsejan los científicos que no nos fiemos. El cambio climático es un hecho y ha venido a quedarse. Salvo años excepcionales, en el conjunto del planeta las primaveras, los veranos y los otoños irán aumentando sus temperaturas medias y los inviernos registrarán menos días fríos. Las peores previsiones para el planeta son casi apocalípticas, a final de siglo la temperatura en grandes franjas de La Tierra será insoportable y muy perjudicial para la salud. Y todo porque somos unos consumistas insaciables con escasa conciencia medioambiental.

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