«No sabía leer ni escribir y ya sabía predicar» Eso dice Isla de su pupilo. Y pone de ejemplo una de las veces en las que el niño asistió a un espectáculo que le cautivó. Fue que el predicador, camino de su destino, hizo parada en la casa del tío Antón y allí ya cautivó al niño con su parla y su desparpajo mental.
«En cierta ocasión estuvo en su casa, a la cuesta del mes de agosto, un padrecito de estos asustados, con su poco de copete en el frontispicio, cuellierguido, barbirrubio, de hábito limpio y plegado, zapato chusco, calzón de ante; y gran cantador de jácaras a la guitarrilla, del cual no se apartaba un paso nuestro Gerundico porque le daba confites.
Tenía el buen padre. mitad por mitad, tanto de presumido como de evaporado, y comentaba cómo, estando él de colegial en uno de los conventos dee Salamanca, le había enviado su prelado a predicar un sermón de ánimas a Cabrerizos, y que habían concurrido a oírle muchos colegiales mayores, graduados, y catedráticos, de aquella universidad, por el crédito que había cogido en ella con ocasión de graduarse cierto rector de un colegio menor... de quien era voz y fama que, desués de haber recibido el subdiaconato subrepticiamente y a hurtadillas, había estado un año en la cárcel de su tierra, por cuanto tres doncellas honradas habían presentado al señor provisor tres papeles con palabras de casamiento...
Pues como supieron que predicaba en Cabrerizos...concurrieron con efecto a oirle todos aquellos ociosos y desocupados de Salamanca... que se huelgan de todo lo que sale, y el buen religioso quedó tan pagado de su sermón que repetía muchas cláusuas de él en todas as casas donde se hospedaba...
«Fuego, fuego. Que se quema la casa... «Domus mea, domus orationis vocábitur» Ea, sacristán, toca esas retumbantes campanas. «In címbalis bene sonantibus» Así lo hace, porque tocar a muerto y tocar a fuego es una misma cosa, como dijo el discreto Picimelo: «Lázarus, amicus noster dormit» Agua, señores,, agua; que se abrasa el mundo...Pero ¿qué veo? ¡Ay cristianos, que se abrasan las ánimas de los fieles!
A todo esto estaba muy atento el niño Gerundio y no le quitaba ojo al religioso. Pero, como la conversación se iba alargando y era algo tarde, vínole el sueño y comenzó a llorar. Acostole su madre, y a la mañana... comenzó a predicar con mucha gracia el sermón que había oido por la noche, y luego que despertó, se puso de pié y, en camisa, sobre la cama, comenzó a predicar con mucha gracia, el sermón.
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