Imagen Juan María García Campal

Frágiles, vulnerables

21/01/2026
 Actualizado a 21/01/2026
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Domingo, recién caída la noche. Cavilo y escribo sobre las diferentes formas en que los partidos políticos e incluso las clásicas tendencias en que se clasifican (derechas, izquierdas y nacionalistas de ambas corrientes) gestionan sus desavenencias y crisis internas y qué grado de discreción guardan a la hora de lavar sus trapos sucios, así como el grado de naturalidad con que afrontan sus alianzas y, normalmente, se escandalizan de las de los adversarios. Domingo, noche temprana, y de su oscuridad llega la negra, triste noticia, apenas unos datos, del accidente de dos trenes de alta velocidad ocurrido en Córdoba y de dos primeros muertos. Inconscientemente percute en mi cerebro «alta velocidad”», su potencia, su violencia... nuestra fragilidad y, cómo no, la muerte, la muerte inesperada, la muerte sorpresiva, la muerte, antinatural como tantas veces, como tantas veces injusta. Y llega el recuerdo del accidente de Angrois, sus imágenes, sus muertos. Se me embota la cabeza, se amengua el ánimo, pesa el aire. Salgo a pasear con Blues, agradezco la soledad del paseo, su frío, el continuo pasar del río. Regreso. Escucho una más detallada descripción del accidente. Los muertos ya son cinco. Me encuentro cansado. Ceno frugal. Me acuesto más temprano de lo habitual. Antes de rendirme al sueño siento que no es hora de todo lo escrito hasta la desgraciada noticia. Me puede el dolor, me conmueve y afecta tristemente la tantas veces olvidada inseguridad de nuestra propia existencia, de nuestro propio futuro o mañana. ¿Cuántos anhelos se quebrarían en esos trenes? ¿Cuántos amores? ¿Cuántas ilusiones, cuántos sueños, cuántos quebrantos también? Y, sin embargo, vivimos más en el mañana, en el futuro que en el presente en que estamos. Acaso por esto nos perturban las trágicas catástrofes, porque nos enfrentan a nuestra suprema vulnerabilidad. Quién aun por breves instantes no se vio víctima o, aún peor, quién no vio víctima a alguno de sus seres más queridos y cercanos. Y quién no ha escuchado de la solidaridad de los vecinos de Adamuz, de la rápida movilización, coordinación e intervención de las instituciones y servicios del Estado en la atención a las víctimas. Mas sigue el dolor, la conmoción y, cómo no, la necesidad de verdad sobre las causas del accidente y la pertinente exigencia de responsabilidades administrativas, políticas y penales. Mas no se especule y permítase a los investigadores de la CIAF y de la Guardia Civil.

¿Vox? Sus actos los describen. Autorretratándose.

¡Salud!, y buena semana hagamos.
 

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