Hoy vamos a cambiar de partitura. De Serrat a Rosalía: De «Qué le han hecho al río, Padre, que ya no canta?» al «Adiós ríos , adiós fontes, adiós regatos pequenos...». Del biogás a los fosfatos... Y de ahí al infierno...
Éramos pequeños y, en el patio de la escuela jugábamos a las canicas. Una vez, un niño que era el cronista posó en el suelo un lápiz que olvidó dejar en el pupitre y el simpático de turno se lo pisó y lo hizo fosfatina. Lo recuerda al leer en la prensa que una empresa con distintos nombres ha obtenido permiso para rastrear toda la montaña oriental en busca de fosfatos. Todo los ríos altos, desde el Bernesga hasta el Esla son sujetos apetecibles para hacernos «fosfatina».
Varias empresas, o una sola con diferentes nombres, tienen puesta su zarpa sobre los enormes incentivos económicos que la autoridad pone sobre la mesa para quien escarbe toda la montaña oriental en busca de fosfatos que ahora resultan necesarios básicamente para fabricar fertilizantes y otros productos todos ellos muy contaminantes.
La extracción de los fosfatos misma lleva consigo la total destrucción del manto, y para ello la tala previa de todo arbolado y la quema del rastrojo. Ahora se entiende el ya largo proceso: primero el vaciado humano, luego la quema de los montes y por fin las grandes máquinas arrasadoras. Solo faltan los motivos (las disculpas): la suave transición ecológica y todas esas monsergas que dan título a la mayoría de los ministerios actuales ocupados por los autotitulados progresistas de cualquier bando.
«Adiós ríos, adiós montes, adiós regatos pequeños». Cambiaremos a Serrat por Rosalía. Y los años de los pantanos del franquismo añadiremos estos de hoy que van a ser definitivos, pues atacan a la único que nos quedaba, que era la superficie.
Los Doctores en Geología nos explican que «la minería de fosfatos produce contaminación máxima del aire, los suelos y el agua, así como la destrucción del hábitat» (Léase a Aretxabala y a Gómez Liébana (Diario de León: 13.6.26). Y nosotros, simples jugadores de canicas en los patios de las ya cerradas escuelas de ese solar casi vaciado por las políticas aplicadas, cambiaremos a nuestro del Bierzo, Amancio Prada, cuando y añadiremos a Rosalía de Castro: «Adiós ríos, adiós fontes, adiós regatos pequeños...».
Pola de Gordón, Vegacervera, Cármenes, Matallana de Torío, Valdepiélago, Valdelugueros... Si me quereis, irse. Irse preparando para lo que es vienen a echar encima. Hasta el agua de vuestras fuentes... Hasta el sonido de las campanas que suenan debajo del agua... Hasta eso os quieren quitar haciéndoos la fosfatina.