Florentino Pérez Rodríguez, a la sazón presidente del Real Madrid de Fútbol desde 2009 y dirigente de una importante empresa dedicada al sector de la construcción, alcanza, según la revista Forbes, el número 17 de las personas más ricas de España con una fortuna estimada en dos mil millones de euros.
Pero dejemos a un lado el dinero y centrémonos en lo futbolero. Varios medios de comunicación españoles han criticado con dureza las inacostumbradas salidas de tono del presidente del Real Madrid de Fútbol en su rueda de prensa televisiva del pasado día 12, todo un auténtico chupinazo verbal por sus ataques personales y el anuncio de elecciones inmediatas a la presidencia del club. Desde septiembre de 2012 y de acuerdo con los actuales estatutos, para optar a presidente del Real Madrid se exigen 20 de años como socio y un patrimonio personal, sin aval de terceros, del 15% del presupuesto general. En ello, no más de un par de candidatos podrían hacerle hoy competencia a Florentino, pero con mínimas, por no decir nulas, posibilidades de éxito.
Como si portase un revólver en la mano, Florentino disparó en esta entrevista contra todo y contra todos, señalando a aquellos medios y determinados periodistas a los que acusó de verdaderos enemigos contra su blanco e imperial club de fútbol. La principal diana de sus ataques ha sido el diario ABC, del cual anunció se daría de baja inmediata como suscriptor. La respuesta de este medio de comunicación ha sido contundente: «Florentino tapa los fracasos del Real Madrid con un ataque desmedido a ABC». Una ofensiva contra este diario y contra otros medios de comunicación a los que Florentino acusa de estar confabulados contra él y que todo ello viene dado por una segunda temporada sin títulos merengues; y por hacer público un vestuario dividido y enfrentado, incluso llegado a las manos, algo no desacostumbrado, según Florentino, pero nunca exteriorizado.
Desde 2021 es la segunda vez que escribo en este medio de comunicación sobre Florentino. Según mi opinión, una especie de rey Midas de los negocios por convertir en oro todo lo que toca. Uno de sus «discípulos» más devotos, como Emilio Butragueño —exjugador y director de relaciones institucionales del club— afirmó en su día que su amo y señor era un «ser superior».
Aparte de sus éxitos como empresario y una larga y victoriosa etapa como presidente del club más laureado del mundo, cuando en su día —como ocurre en la actualidad— el Real Madrid se quedó sin entrenador, en el ansia de buscar urgentemente un sustituto, le importó un huevo y la yema del otro la selección española de fútbol que jugaba entonces en Rusia la Copa del Mundo de 2018; por cierto, sin éxito. Fracasados varios intentos de fichaje, a Florentino se le antojó Julen Lopetegui, seleccionador en aquel momento del equipo español, teniendo éste ya acordado un compromiso de dos años con la Federación Española de Fútbol; lo que originó su fulminante despido y entrada en el Real Madrid, pero, para su desgracia, con una etapa breve y convulsa, pues duró solo 139 días.
En aquel tiempo, a Florentino se le acababa el sueño de una súper liga como la única maniobra salvadora de un fútbol que, según él, «se hundiría a no tardar en la miseria». En principio contó con once grandes equipos europeos para formar un proyecto innovador de competición, tras haber conseguido un crédito de JP Morgan Chase de 3.000 millones y pico de euros, a devolver en 24 años. Pero todo ello quedó pronto sumergido en agua de borrajas, obrando hoy Florentino no muy lejos de los derroteros de la política actual.