01/07/2026
 Actualizado a 01/07/2026
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Uno de los momentos clave de las fiestas de San Juan y San Pedro de León son los fuegos artificiales y la hoguera de la noche del veintitrés. Los fuegos, por la situación climatológica, no pudieron ser, pero la hoguera se mantuvo. Este año, en honor a la reina Urraca I de León por la celebración del noningentésimo centenario de su muerte, ocurrida el ocho de marzo de 1126.

Me ha parecido más que adecuada su elección. Primero, porque no cabía menos en un año lleno de actividades y recordatorios hacia la primera reina europea. Si a día de hoy, se sigue reivindicando la presencia de mujeres en puestos de dirección de empresas e instituciones, que en plena Edad Media, que no es un período que destaque por sus sistemas de igualdad y paridad, una mujer decida que no va a ser solo una reina consorte, que va a regir un reino, y no un reino cualquiera, sino el de León, que por esa época no era pequeño precisamente, es para recordarlo y celebrarlo. Así llevamos todo el año, y así se seguiremos hasta el treinta y uno de diciembre. Día en que, me temo, una hoguera de silencio y olvido vuelva a hacerla desaparecer de la faz de la tierra. Porque, confiesen: ¿cuántos de ustedes conocían su historia? Desde luego, por haberla estudiado en el colegio no, desde luego.

En educación primaria el Reino de León pasa veloz y sus reyes saludan a lo lejos. Urraca I de León, ni siquiera aparece en las celebraciones del Día de la Mujer, el ocho de marzo. Ahí los niños conocen a Marie Curie, Ada Lovelace o Frida Kahlo. Todas ellas grandes en sus campos, pero a la de la tierra, a la que muere justo el día en cuestión, a esa, ni se la nombra.

Esa es la segunda razón por la que la elección de la reina como motivo para la hoguera de la noche de San Juan me parece más que acertada. Es una demostración palpable de lo que va a pasar: después de un año con presentaciones de libros, exposiciones y conferencias, la volveremos a hacer desaparecer y si te he visto no me acuerdo. Sucederá como con otras tantas cosas que podrían ser explotadas para atraer la atención hacia la ciudad: ser la cuna del parlamentarismo, la presencia del Santo Grial en San Isidoro, la promulgación del Fuero de León en 1017, estableciendo derechos fundamentales que sirvieron de base legislativa en el continente…

En cualquier otro sitio, harían bandera de todo esto y ruido, mucho ruido, porque solo así te posicionas en el mapa y te tienen en cuenta, de lo contrario, la ciudad queda arrinconada y poco a poco, muere y desaparece. Urraca no luchó contra toda la sociedad de su época por esto. Seamos dignos sucesores de la reina.

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