Andan diciendo por ahí que la inteligencia artificial puede acabar con la humanidad en menos de diez años. Pero, para realizar esa operación, no hace falta ninguna inteligencia especial, pues lo puede hacer perfectamente el ser humano. Tiene medios suficientes. Además, sea en diez años o en mil, esto tiene que ocurrir algún día. La Biblia que, además de ser un libro inspirado, encierra mucha sabiduría, habla claramente del fin del mundo y también de un juicio final, donde se pondrá todo en claro y se separará a los malos de los buenos. Los cristianos lo repiten constantemente cuando rezan el credo: «Vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos». Uno de los cuadros más impresionantes, si no el más impresionante de todos los tiempos, es el del ‘Juicio final’, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Pero no hace falta esperar al fin de los tiempos. Cada día tienen lugar escenas que anticipan el fin del mundo: un accidente de tren o de avión, un terremoto, una gran inundación, una muerte natural o un simple accidente hacen que para quien muere se acabe este mundo.
El tema de la fecha del fin del mundo ha dado muchas vueltas. Entre los primeros cristianos había un grupo en Tesalónica, que ya ni siquiera trabajaban, por que esperaban el fin del mundo de un momento a otro. Y por eso San Pablo les dijo: el que no trabaje, que no coma. Ya cuando le preguntaron a Jesús por el fin del mundo dijo que no le correspondía a él determinar la fecha, sino que eso era cosa del Padre, y que antes tendrían que ocurrir muchas cosas. Ante el año mil la gente estaba obsesionada con la llegada del fin del mundo en esa fecha. Alguna secta lo anunciaba para el 1914. No han faltado quienes hablaban de que sería en el año dos mil.
Pero lo más importante es que, más pronto o más tarde, como dice San Pablo, «La presentación de este mundo se termina… Los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres como si no se alegraran; los que compran como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él». Si todo el mundo tuviera esto en cuenta, si tomara en serio aquello por lo que se nos juzgará en el juicio final, alimentando al hambriento, dando de beber al sediento, visitando al preso o a al enfermo, vistiendo al desnudo, hospedando al forastero… las cosas irían mejor y tal vez el fin del mundo se retrasaría un poco. Aunque, en el fondo, da lo mismo que suceda antes o después. Pero mucha gente no hace caso. Lo que parece obvio es que para nosotros el mundo se acaba antes de cien años.
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